Un día de Los Santos sin buñuelos ni flores


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Hoy es 1 de noviembre ya. Festividad de todos los Santos. Ha amanecido un día triste. Con nubes y esas cosas que no me gustan nada, pero es lo que toca.

Antes íbamos juntos al camposanto. A ver a los abuelos y a don Miguel de Unamuno, Dorado Montero. Ir contigo era como ir con un guía turístico,

Por circunstancias de la vida, iré mañana a ver la sepultura de mamá.

Hoy también es un día de dulces. De huesitos, de buñuelos. De todo un poco. Realmente. Recuerdo que mamá los solía hacer en casa.

Se le daba muy bien. Hacía la masa y con una cucharita les iba dando forma. Era complicado. En realidad creo que nunca los he llegado a hacer. Parecían fáciles, pero eso eran las manos de mamá, que era muy mañosa para hacer ese postre en particular.

Después preparaba la crema pastelera. Y con una habilidad pasmosa, abría cuidadosamente la bolita recién pasada por el aceite y la rellenaba. Le echaba azúcar glass y los servía a la mesa.

Nunca fueron un plato de mi gusto. Me volví bastante selectiva en el tema de comidas, pero tú te los zampabas como si no hubiera mañana.

Qué gozada verte comer así, peque. Qué hermosos recuerdos de aquellos años tan felices, que ya se fueron (sí. como dice la canción de José Manuel Soto). Quien pudiera parar el tiempo… Quien fuera niño y a la vuelta del colegio tú me esperaras para darme un beso.

Yo y el tiempo. Una obsesión. Cuando eres pequeña piensas que igual un mago puede pararlo. Pero no. Quería pensar que íbamos a ser eternos. Hasta que un maldito 13 de diciembre se apagó tu luz.

Y ahí llegó la penumbra. Justo antes de Navidad. Con tu regalo esperando en el armario y yo cantando por la calle pensando que en nada estarías en casa.

Ya te digo que hay quien piensa que el tiempo lo cura todo. Y otras, como yo, que acentúa el dolor. Que te va consumiendo poco a poco. Y que sí. Llegará ese día en que nos reunamos en la séptima farola de la eternidad.

Qué hermosa frase, papá. Propia de un genio como tú. Ahora tengo delante de mi la película de ‘ La vida es bella’. Y así intento vivirla. De la mejor manera posible dentro de mi situación.

Quiero decirte. Ahora mismo me iría a un buen restaurante a comer y a tomarme una copita a tu salud, pero como no se adapta a mis necesidades, pues eso… Ajo y agua.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que me está llegando un olor a calamares, que me está abriendo el apetito. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️