El hombre de la capa y la mujer de vestido verde y enorme sonrisa


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Viendo un nuevo amanecer de este martes 30 de noviembre de 2021, que para mí comienza temprano y con muchas cosas que hacer, pero bueno.

Anoche bajé a la Plaza. Por fin. Y vi el espectáculo de la Navidad. Es precioso. Ponen la canción de ‘All i want for Christmas is you», la de Mariah Carey, esa que venía yo cantando para casa la noche que te pusiste tan malito.

Y sí, papá. Me emocioné. Por mi cabeza pasaron tantos recuerdos en un par de minutos que bueno. No se puede explicar. Pero es normal. Son fechas de muchos recuerdos. Anochece muy pronto y eso me da cierta nostalgia. Me gustan los días largos.

Pero ahora viene una racha mala en todos los sentidos. He recuperado una foto de un homenaje a don Miguel de Unamuno. Me encanta. Los dos sonrientes y cogidos del brazo. Yo con un vestido de fiesta que me compró mamá para la ocasión y tú con tu capa.

Si mi memoria no me falla, ese día nos fuimos a tomar el aperitivo al Corrillo. A un sitio donde te pusieron un plato de callos buenísimo. Te supo a gloria. Y yo feliz de pasar contigo ese momento

Pero bueno. Me cuesta asimilar que no volverá. Que ahora empieza un nuevo día. Uno más y uno menos. Una idea que me obsesiona. Como siempre.

El tiempo. El maldito tiempo, que no para me pone nerviosa. Es algo que no me había importado hasta hace nada y la verdad es que me agobia, pero bueno. Lo normal a una edad. Te da la sensación de que todo va más rápido.

Hoy el texto es un poco corto, pero llevo algunos días pensando en dae carpetazo a este blog que tantas satisfacciones me ha traído, No sé si lo haré o no, pero bueno. Lo iré pensando en función de mi estado de ánimo.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La noche que te caíste sobre mi precioso árbol de Navidad (mi héroe)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido un día espléndido. La verdad. Parece mentira que estemos a finales de noviembre. Pero mejor. Ya sabes que el sol me da energía para afrontar cada día. Me encantan los días de sol.

Y eso que ya estamos casi en diciembre. Pero bueno. Sí. Queda poco para que llegue Navidad.

Estoy dudando si poner árbol de Navidad o no. Llevo tiempo pensándolo, pero este año no habrá regalos ni nada. Anoche me acordaba de una madrugada que te levantaste a ver el tiempo.

Me acuerdo que siempre en la mesa de la cocina tenías una caja de Fernanditos y que te levantabas a comer unos cuantos. Una sana costumbre. Despertate a media noche y comerte unos dulces.

La que liaste. Por lo que fuera perderías el equilibrio y te fuiste contra él. Yo estaba tumbada en la cama. Serían las cuatro de la mañana o así. Y cuando me levanté por el ruido, te habías ido al suelo ya.

Menudo susto, peque. Al final, por suerte, sólo quedaron unas cuantos cristales rotos en el suelo y tu vencido sobre él, pero bueno. Otra anécdota para contar.

Qué máquina eras. Ayer lo comentaba con unos conocidos. Qué suerte tener un padres y una madre como los que tuve yo. Realmente siempre valoras las cosas, pero cuando te faltan se convierten en una pesadilla.

Curiosamente, su canción favorita era la de mi héroe. ese himno hermoso que compuso Antonio Orozco y que tuve el privilegio de ver en el CAEM. Y lloré, por supuesto que lloré. Mi sensibilidad está a flor de piel.

En fin, peque. Te dejo. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Mi viaje a Lyon entre chocolates, motos y árboles de Navidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido uno de esos días que odio, realmente. Está todo nublado y anoche hacía un frío que pelaba, pero bueno. Lo normal en estas fechas, papá.

Hay días que me pregunto por qué sigo escribiendo este blog. Si realmente no me pasa nada interesante que contarte. Y recuerdos ya he narrado tantos, que no sé qué decirte.

Aparte de que estoy algo melancólica por este clima y que aún no bajé a la Plaza Mayor a ver las luces de Navidad, poca cosa más.

Me he hecho una maniática de los números. Siempre estoy buscando las 11.11, las 11.44… Tantas que no te las podría decir, pero bueno. Yo creo que hay veces en los que te aburres tanto que es normal.

Mirando mis fotos me doy cuenta de que hace dos años estaba en Lyon. Fue mi primera escarpada.internacional antes de que mamá se pusiera enferma, pero bueno. Y tengo tantas imágenes metidas en mi cabeza, que es imposible sacarlas.

Estuve a punto de darme la vuelta en Madrid por lo que se veía a través de la cámara que teníamos ubicada en vuestra habitación.

No sé si es peor tener memoria o no tenerla, realmente. A veces pienso que ojalá alguien pudiera borrar todos los recuerdos de tu mente. O por lo menos los malos. Los que me traen por la calle de la amargura.

Una vez allí, me sumergí en un mundo mágico. Había un precioso centro comercial lleno de luces de Navidad y además era Black Friday.

Te puedes imaginar el peligro. Me compré cuatro o cinco cositas en Zara y encontré una bombonería de lujo, llamada Jeff de Bruges, donde adquirí un montón de chocolates pensaba sobre todo en la ilusión que le iba a hacer a mi princesa.

Y cuando regresé se los di. Le hicieron ilusión, pero ya no igual que antes. Llegué a su cama y le empecé a contar mi aventura. Y se moría de la risa. Algo normal en mí cuando estoy de buen humor, que no es siempre.

Pero ella, igual que tú, entendían que de vez en cuando una pequeña locura, no viene mal para desconectar de la realidad. O al menos eso pienso yo.

Demasiado complicado es vivir como para estar de continuo cayendo en una rutina que no nos gusta a nadie.

Así que voy a planificar mi día ya. Que no quiero que sea un domingo más. Quiero que sea especial.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

El árbol con forma de campana da la bienvenida a la Navidad charra


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Y vosotros? Espero que bien también. Hoy ha amanecido otro día de esos fríos y sin sol que me ponen tan nerviosa. Pero es lo que toca en esta época.

Nunca me gustó demasiado esta estación del año. Ya sabes que para mí el sol es sinónimo de vida. Y en cuanto aparece un rayo, ahí estoy yo puesta.

¿Has visto ya cómo está la Plaza Mayor? Pues con la Campana que anuncia que ya pasó un año más. Otro, papá. Las terceras navidades sin ti y las segundas sin mamá.

Y me sigue costando asomarme a la ventana y ver a la gente sonreír y que es feliz. Bueno no. Son felices porque están todos juntos. Y eso es algo fundamental para alcanzar la felicidad.

Pasaron de ser mis fiestas favoritas a convertirse en una auténtica pesadilla. De ir cantando feliz por la calle a casi preferir no mirar hacia arriba.

No sabes lo que daría por volver a ver el mar. Realmente. Es algo que me tiene loca. Ese ruido cautivador, hechizante, maravilloso, que a los dos nos encantaba. Pero bueno. Supongo que ya queda un poco menos para volver a un mar maravilloso y relajante donde poder quedarme horas sentada dibujando corazones con nuestros nombres. Es algo que este año hecho ya en 3 ocasiones. Pero me gustaría volver a repetirlo antes de que termine el año.

No lo veo muy claro de momento. De hecho, aunque no te lo creas, tengo un poco de vista cansada en uno de los ojos, pero bueno. Lo normal. Vamos. A una edad siempre te empieza a fallar algo.

Tú llevaste gafas desde que eras bien joven. Y a mamá se las pusieron cuatro o cinco años antes de iniciar su último viaje. Qué guerra con las gafas todo el día. Que si las perdía, que no encontraba el otro par… Madre mía. Qué locura. Pero bueno. La cosa sería así. Ella y sus peculiaridades. Se quedaba dormida hasta en un banco esperando a que yo saliera de gimnasia y luego siempre nos íbamos a algún centro de estética a que me hicieran un tratamiento. Luego un rato de compras, meriendita rica y poco sana y después de chateo.

No hace falta que os diga lo que os echo de menos, pero bueno. En realidad no es necesario. Lo sabéis desde que amanece. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las luces que ya anuncian la cercanía de la Navidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Terminando ya noviembre. Hoy es el Black Friday. Uno de mis días favoritos del año. Antes, claro. Ahora saldré a dar un paseo y a mirar escaparates.

Y con un poco de suerte, por la tarde cuando caiga la luz iré a ver la campana que han puesto en la Plaza Mayor para anunciar la llegada de la Navidad.

Anoche vi las luces iluminadas por primera vez. Y fue una sensación, tan hermosa. Me acordaba de cuando venía cantando villancicos por la calle porque sabía que alguien me esperaba en casa. Hoy me hace ilusión, pero de otra manera. Los últimos años, mamá y yo solíamos hacernos allí una foto, que ahora no conservo porque mi móvil tuvo un pequeño accidente, pero no pasa nada. Hice una con las luces y ya está.

Recuerdo que por estas fechas dedicábamos el tiempo a hacer compras de Navidad. Luego, tradicionalmente, a las 7 o así nos solíamos tomar un chocolate con churros (el último que probamos fue uno blanco (buenísimo). A mí princesa le había dado un derrame en el ojo, pero con eso y con todo, nunca se le quitaba ese gustazo. Así estaba ella de rellenita. Pero bueno. Estaba guapa. Como siempre.

Como no hay que perder las buenas tradiciones, volveremos. Seguramente. Así que nada.

Una de las últimas noches, antes de que te fueras, llegaba yo a casa cantando ‘All i want for Christmas is you’. Esa canción tan bonita de Mariah Carey. Ahora ya no canto, al contrario. Me produce cierta nostalgia, pero bueno. Esto es la vida, papá. Así de real y de cruel. Y así hay que aceptarla. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las maravillosas columnas del Corrillo que marcan los días de la semana


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Madrugando mucho. Mira las horas que son y de fondo suena «Galilea», una canción de Sergio Dalma que me recuerda a hace muchos años. Cuando yo era joven directamente. «Vestida de rojo. En punto a las diez».

La escuché hace tanto tiempo. Y me sigue gustando como antes. Ayer hizo un día horroroso, de lluvia. De esos que odio, que no te dan ganas de nada, la verdad. Pero bueno. Al final algo hicimos. 24 horas dan para mucho.

Frente a la tristeza infinita que me producen los días grises, la belleza de una foto que he recuperado de mi álbum. La columna del Corrillo que indica el domingo.

Poca gente conoce que allí se pueden ver todos días de la semana en forma de planeta. La luna, Marte, Mercurio, Júpiter,Venus, Saturno y el sol. Y yo lo sé gracias a ti. A todo lo que me enseñaste en aquellos paseos tan hermosos que dábamos los domingos por la mañana.

Sé que me repito mucho, pero nunca podré olvidar el pincho de tortilla que nos ponía el hombre de La Latina. Qué cosa tan deliciosa. Llevaba ajo y perejil. Y un pequeño trozo de pan.

Manjar de dioses. Como decías tú, pero bueno. Ni sé el tiempo que hace que no lo como. Hay costumbres que no se deberían perder. Como mi cabeza no para de pensar, me doy perfectamente que era un par de días después de que me hubieran sacado unas muelas. Tenía bastante dolor en la boca y fue tu manera de consolarme.

Siempre encontrabas la manera de calmar mis lágrimas. Con un regalito, con un tierno beso, o con cualquier cosa. Lo que viene siendo un padre para mí único. Y cuando regresábamos, tú a comer los deliciosos platos de mamá y yo a rezungar porque no me gustaban, pero bueno. No pasa nada. Hoy por hoy sigo con esa costumbre. Solo me gusta la comida que no es casera. Y ya no voy a darle más vueltas.

Yo creo que con unos años. Y a mí ya me han caído unos cuantos, pues no se puede intentar cambiar a una persona. Por suerte o por desgracia. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ❤️

Las noches de amigas con palomitas, pizza y tu nombre en nuestra cabeza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido otra mañana cubierta de niebla, propia de estas fechas. No veas el frío que pasé ayer por la noche dando un amplio paseo por la ciudad.

Me maquillë. Hacía mucho tiempo que no me ponía pintura en los ojos. Quería estar guapa por si iba a algún sitio, pero al final fue para nada. Para regresar a casa tal cual, pero con la nariz roja y los pies helados.

Mira qué foto tan bonita he encontrado. Estamos tu amiga Sarah, la chica espectacular que trabajaba en la piscina, y yo en el cine. Ese día me puse los labios rojos y sonreía mucho.

Hay una palabra que define ese estado: felicidad. Me había puesto un vestido de cuero muy sexy y nada. Al llegar a casa, que tú ya no estabas, compramos una pizza deliciosa, un paquete gigante de palomitas y una botella de cava y estuvimos un buen rato.

Recordando muchos momentos chulos con los piscineros. Siempre que te veía bajar por la rampa de Tejares con tu bastón, corría hacia ti para cogerte del brazo y llevarte hasta su puesto. Allí os pasabáis horas dilucidando de lo divino y de lo humano. Pero siempre te veía feliz a su vera.

Siempre te gustaron las chicas guapas. Y, claro, tus amigos, muertos de envidia, sana, sin maldad alguna, Qué grupito tan majo hacíais. Y este verano ha sido tan extraño en realidad. Pero ya queda un día menos para que venga el próximo y algún día con más temperatura para lucir ese vestido, que también me llevé a Lyon para ver a mis chicos locos del motocross freestyle. Y que me sentaba como un guante.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. No te escribo más porque uno de los ojos me molesta un poco, como si tuviera vista cansada, pero nada grave en realidad. Cosas de la edad. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La nieve cubre de blanco las calles de la ciudad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Anoche nevó. Qué bonito regalo después de un día complicado. La terraza se cubrió de blanco a eso de las 12 de la noche.

Me dieron ganas de coger unos guantes y empezar a hacer bolas, o quizás un muñeco, pero era hora de irse a la cama.

Cuando era algo más pequeña y hasta hace poco. Salíamos allí y hacíamos una figura con dos bloques: cuerpo y cabeza. Allí le poníamos un sombrero, una zanahoria de nariz y aceitunas en los ojos.

Ahora ya ha amanecido. La nieve ha desaparecido. Y el cielo está gris. Otro día sin sol, papá. Me aterran. Necesito ver luz, papá. Y esa luz sólo me la dabáis tú mamá. Cada uno a vuestra manera.

Qué bonito levantarse y preparar un desayuno con Cola Cao, bizcochos mientras leías la prensa, que siempre nos traían a casa y nos la dejaban en la puerta. Sabes que nunca me gustó mucho leer. Más bien al contrario. Cuando estudiaba periodismo, porque me obligaba la profesora, o alguno que me resultara entretenido, que no voy a decir el título porque es algo que tampoco interesa demasiado.

Es 23 de noviembre. Si la memoria no me falla, que en ocasiones lo hace, era el cumpleaños de la abuela Piedad. No sé cuántos habría cumplido, teniendo en cuenta que no somos eternos (por desgracia), pero yo le cálculo unos 116 aproximadamente. Si falleció con 97 y no recuerdo bien el año, pues calcula eso.

Por aquella época, en la buena, mamá y yo íbamos a desayunar a Páramo cada mañana. Y luego, como siempre, al mercado, de tiendas, a pasar el día lo mejor posible hasta la hora de la comida y luego, tras el almuerzo, a seguir viviendo la vida hasta que llegaban las 8 de la tarde. Entonces cogía el relevo. Te agarraba del brazo y nos íbamos de paseo y a tomar nuestra copita de cava antes de dormir. O un copazo, si se terciaba. Lo que hiciera falta.

La vida, papá, la vida. Ahora mismo estoy sin temperatura. Ha refrescado bastante y no hace nada de calor. De hecho mis manos se han encallado y los dedos han cambiado de color. Tienen una tonalidad amoratada. Supongo que será normal con este clima tan loco.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

El niño que rompía gafas y se olvidaba de ir al cole


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. En modo hekatombe justamente. Hoy sí ha amanecido un día triste. Lluvia que empapan los cristales del salón en esta mañana gris, como tus ojos, y triste, como mi corazón. Partido en pedazos desde hace ya mucho tiempo.

No podría narrarte en unas pocas letras lo que siento ahora mismo dentro de mí. Pasé por tu colegio y ya me emocioné. De repente me vino a la cabeza esa imagen de ti que ni tan siquiera vi, pero que tantas veces me contaste.

La abuela fue a llevarte a Francisco Vitoria. Tú, que debías de ser un buen trasto, le habías roto las gafas a otro, que supongo que igual te caía mal, y no se te ocurrió otra cosa que quedarte en las escaleras hasta que llegara la hora de volver a casa.

Con tan mala suerte que pasó la vecina, la señora Gabi, y te vio que no habías entrado a clase. De inmediato se lo dijo a tu madre, que rauda fue a buscarte. No sé lo que te dijo exactamente, pero sí tu respuesta. Ingeniosa, como siempre: «Pos se me olvidó».

¡Qué ocurrencia, papá! Qué pena que no hubiera cámaras para inmortalizar ese instante. Las que debías liar tú solo. Sin ayuda de nadie. Anoche estuve escuchando la canción de ‘Volver a verte’ y realmente no creo que pudiera elegir una mejor para rendirte homenaje en el día que te hicimos tu homenaje póstumo en el Casino.

Hermosa, mucho. Melancólica… Bastante. Perfecta. Sin duda. Me costó elegirla, pero al final fue una buena opción.

No hace falta que te repita la melancolía que me generan estos días de agua, frío y sin un rayo de luz que ilumine el camino a seguir en este extraño devenir que es la vida.

Y desde que me levanto, ya te lo he dicho, veo la imagen de Roberto Begnini en la película de ‘La vida es bella’, que, por cierto, hace mucho que no la veo. Intento aferrarme a eso, pero en realidad es normal, salvo para los privilegiados que tienen muchas opciones de diversión.

Que no es mi caso. Sobrevivo como buenamente puedo. Anhelando tantas cosas, papá. Pero es lo que toca. De momento no me queda más remedio que seguir así.

Sigo viendo la lluvia caer, mientras por mi rostro no dejan de brotar lágrimas. No pasa nada. Para eso están los pañuelos de papel. Tengo una cosa pendiente de hacer. Aunque ahora no creo que sea la situación idónea ¡Bueno, pituco,! Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Que yo seguiré soñando con un mundo lleno de globos, en color rosa. El mar al fondo. Espero que sea pronto. ¡Os quiero! ❤️

Aún quedan días de verano para pedirte perdón


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Está empezando a salir el sol. Y mañana dicen que nieva. Pero bueno. Lo normal en esta época del año.

Es 21 de noviembre. Aún no he decidido si bajar a dar un paseo hasta nuestro querido Huerto de Calisto y Melibea o quedarme un rato más aquí, en la alfombra.

Esta noche tuve un sueño feo. Extraño. De esos que te levantas con mal cuerpo, pero ya sabes. No sé por qué razón la mente guarda cosas tan extrañas dentro de ella. Estaba en algún sitio desconocido y mamá se había puesto mala. Yo buscaba un lugar en mi teléfono, porque había reservado un viaje a no sé exactamente dónde. Y no lo encontraba. Me desesperaba buscar en mi agenda y no encontrarlo, pero cuando estaba en el máximo apogeo, me desperté.

Y la sensación es malísima. De todas todas.

Pasé de la tranquilidad nocturna de escuchar música durante cuatro horas al desasosiego matinal que te provocan las pesadillas.

Pero como es algo que nadie puede controlar, salvo la mente. En ocasiones demasiado traicionera, pues eso. Ahora necesito despejarme un poco y descargar toda la adrenalina que tengo dentro de mi cuerpo, que no es poca.

Desde que me despierto me aferro a la idea de que la vida es bella, como dice mi película favorita, pero en realidad la vida son momentos. Pequeños flashes de luz. Una risa, una mirada, una caricia, un beso, un rayo de sol iluminando tu cara.

Y ahora el sol aprieta. Hay que aprovechar hasta que empiece a caer. A eso de las seis de la tarde. No veas las ganas que tengo de que llegue el verano.

Pero soy consciente de que queda mucho todavía. Que en cuatro horas se hará de noche y volverán los estorninos a clamar en el cielo. Me aterra ese ruido.

En realidad, aunque siempre he sido muy valiente, me dan miedo muchas cosas. Pero hay que ir viniéndose arriba poco a poco, que en nada ya llega Navidad.

Poco más por hoy, pituco. Te dejo. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️