El bello cuadro de hojas secas verdes y amarillas en las calles de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hace un día de otoño ya. No veas la tormenta que cayó anoche. Menos mal que hacía falta el agua como comer. Supongo que la gente tenga huertos u otras cosas lo agradecerán.

Esta noche cambian la hora, peque. Así que mañana todos con los hábitos cambiados.

El estómago me pedirá de comer un poco más tarde y el sueño, que ya me cuesta, me cambiará también esta noche. Un rollo, pituco.

Menos mal que esta mañana me he despertado con buena música para empezar el día.

No hace falta que te diga una vez más la nostalgia que me produce esta estación del año. Daría lo que fuera por ver el sol. Ya sabes que me aporta una dosis extra de Vitamina D.

Lo que me temo es que el sol no va a salir hasta dentro de algún tiempo. Lógico por otra parte. El tiempo y yo… Qué locura. Me horroriza pasar los días aquí. Sin ver paisajes, ni ríos, ni arcoiris. Solo edificios de piedra. Me producen una angustia horrorosa. Pero bueno.

Oh. Unos rayos de sol comienzan a vislumbrarse entre las nubes. Y el suelo está cubierto de hojas. Amarillas y verdes.

Un espectáculo único para mis ojos, algo tristes todavía. Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo que hacer cosas en casa. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero!