La época de castañas y de los atardeceres tempraneros y nostálgicos


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Me he despertado temprano para ver el amanecer y empezar el día. 26 de octubre. No queda nada para que nos cambien la hora.

Es una pereza ver anochecer tan temprano. Pero es lo que toca en esta época del año.

¿Recuerdas a tu amiga la castañera de San Marcos? Aún no han empezado a colocarse los puestos, pero recuerdo que las subíamos para casa porque a mamá le encantaban.

Con tu buen carácter y tu amabilidad, teniendo en cuenta que íbamos a última hora de la noche, siempre te ponía alguna de regalo.

No sé cuántas entraban en el cucurucho de un euro. Diez más la propina. Era aquella época en que llegábamos muy tarde a casa. Estábamos en el Cava Comerón, que acaba de cambiar de nombre y ahora se llama María de la O, tomando nuestra copita tranquilamente sentados en la terraza. Hasta que llegaba el frío. Y luego ya dentro.

De últimas cambiaste tus costumbres. De tu cerveza pasaste a beber vino con gaseosa. Una mezcla que sencillamente no me gusta nada. La verdad.

Pero como tú decías hay gustos para todo y algunos que merecen palos, Tus frases y tú. De traca de risa.

Los genios son así. Y tú eras uno de ellos. De las letras y como persona. Ahora te imagino ahí arriba con Valle Inclán, don Benito y todos tus admirados escritores de generaciones anteriores a las tuyas.

Me gustaría oír una conversación vuestra. Seguro que es de lo más interesante. Tú contándole tus desventuras literarias, tus premios y el esfuerzo que hiciste para conseguirlos. Y ellos te contarán las desventuras de la época.

Aquella historia tan extraña de Valle que en una pelea con un amigo perdió un brazo. Galicia, Santiago, el mar… Las cosas que adorabas y que yo sigo admirando. No veas las ganas que tengo de volver a ver el mar.

De perder mi mirada en esa inmensa marea azul que nadie sabe donde termina realmente. Pero es algo que me tiene obsesionada. Santiago por lo que significó recorrer sus calles cogida de tu brazo.

Los desayunos en el Derbi. Las mañanas en el cementerio de Boixaca. A donde regresé para poner una flor.

Una promesa que me hice a mí misma y que por fin pude cumplir. Me perdí. Ya sabes que últimamente lo de las rutas y yo estamos reñidas. Lo más normal es que me dé un rodeo de una hora para llegar a un sitio.

Lo que viene siendo perder el tiempo. Eso que tanto valoro. Antes no tanto, pero ahora me horrorizado desde que me levanto hasta que me acuesto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️