La Navidad empieza a llegar a la ciudad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Recién levantada. Hoy sí que se nota que estamos en invierno. Ha amanecido un día gris y un poco triste, pero no nos podemos quejar.

Desde que empezó el otoño, ha habido sol casi todos los días. Así que ahora desayuno tranquilo y todo listo para pasear.

Aunque no te lo creas, porque es pronto. Ya están puestas en algunas calles las luces de Navidad.

La que era mi época favorita del año hasta que te fuiste. ¿Recuerdas aquellas noches en las que me vestía de Papá Noel y os iba dando uno por uno los regalitos que yo misma colocaba debajo del árbol?

O las deliciosas bandejas de canapés que preparaba para la cena. Era yo quien elegía el menú. Unas veces lo comprábamos y los hacíamos en casa y otras los encargábamos a Páramo.

Menudas colas se montaban allí, pero lo mejor es que cada 24 de diciembre estábamos los seis brindando por la vida.

Como eras un trasto, y aunque con seguridad la haya contado, recuerdo el día que te pusiste mi traje de Santa Claus para bajar a comprar el pan.

La sensación de la calle. No hubo uno que no te mirara. ¡Qué grande! Y apareciste hubo carcajadas por todos los lados.

Sin duda mis fiestas favoritas del año, que preparaba con todo el camino y la ilusión.

Ahora ya nada es igual. Siempre me prometí que las seguiría festejando hasta que faltara uno de los seis. Y se me fueron los dos que más quería en un año.

El destino es así de capullo, pero bueno. No creo que el tiempo lo cure todo. Me atrevería a decir que ni lo sana. Cada día que pasa os echo más de menos y me angustia ver lo rápido que corre el reloj.

Pero esas son mis historias. Que no le importan a nadie salvo a mí. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! 😘

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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