Mi inolvidable viaje a Australia y el triste retorno a la realidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Esperando que amanezca un nuevo día. Aún es de noche. Y para la próxima semana que cambian la hora anochecerá antes.

Sabes que odio los días cortos. Es 17 de octubre. Hace tres años a estas horas estaría cerrando mi maleta para iniciar la mayor aventura de mi vida. Mi viaje a Australia.

Feliz, pero preocupada, porque tú ya estabas en el hospital. Te puedo asegurar que, a pesar del dolor infinito por no estar a tu lado cogiéndote la mano, me lo pasé como nunca.

Fueron tres semanas inolvidables, en las que hice todo tipo de locuras. Desde acariciar a un canguro a tirarme a bucear en el Océano Pacífico para ver la gran Barrera de Coral.

¡Qué maravilla! Montar en barco, recorrer museos, ir a lugares únicos, como mi amada Ópera de Sidney, comer pizza y tomarme una deliciosa piña colada frente al mar. Los cócteles me encantan desde siempre.

Si la palabra felicidad existe. Esa es su descripción más sencilla. Benditas locuras. Lástima que hasta dentro de un tiempo (desconozco cuánto) no pueda regresar.

Cada noche o cada vez que encontraba un Wifi, te llamaba preguntarte por tu salud y contarte mis hazañas.

Un día, por desgracia, la llamada no se cortó. Y allí, desde Cairns, me enteré de que la situación era más grave aún de lo que me imaginaba.

Pero siguiendo tu ley de vida, y después de una llorera en el hotel, me fui a tomar un White Russian (otro cóctel) a un bar de Cairns.

Cuando hablaba contigo no me cansaba de de decirte que esperaras, que me quedaba poco para volver a tu lado. Y esperaste, sí. O quizás desesperaste. Ni me lo planteo ya.

Prefiero quedarme con todo lo bonito que viví allí y con la esperanza de volver. Otra vez sola. A redescubrir nuevos sitios y a cumplir una promesa que te hice antes de que iniciaras tu viaje definitivo.

El más difícil, el que más dolor deja en el corazón de los que te queríamos, que éramos muchos.

Ahora de momento tengo otras metas que conseguir para volver a cumplir ese sueño. Pero creo que tardarán un poco, salvo que la varita de la fortuna pase por encima de mí hombro.

Bueno, pituco, te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️