Los fines del mundo que siempre terminaban bien


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Preparada para afrontar un nuevo día. Largo e intenso en emociones. Ya es 14 de octubre y me sigue maravillando el clima que hace. Ver amanecer es uno de los mayores. Placeres que te da la vida.

A estas horas me ruge el estómago. Normal. Ha sido una noche larga y aburrida.

Llevo una época pensando en darle una vuelta al blog. Más que nada porque el contenido a veces es un poco reiterativo. Y soy consciente.

Tengo miles de anécdotas para contar. Tantas que ni sé.

Hoy voy a aprovechar para narrar el primer día en el que en el informativo dijeron que se terminaba el mundo. Tendría cinco años. Y me dio muchísimo miedo.

Íbamos al cole. Decían que a las 12 empezaría a derrumbarse todo. Mamá me había dejado a la puerta del colegio. Y yo no paraba de dar vueltas a la cabeza. Desde que entré hasta que llegó la hora del recreo fue tremendo.

A mediodía justo todo el mundo comenzó a refugiarse de las mesas. Y yo allí escondida. No podía imaginarme cómo podía ser aquello.

Al final no pasó nada. Pero cuando llegué a casa dijeron que igual cambiaban la hora. Te abracé. Y tú intentaste consolarme. Me decías que si estaban pintando el salón, era posible todo iba a seguir igual.

A pesar de todo. Y con la incertidumbre de una niña, me acosté con miedo. Al día siguiente salió el sol. Y todo volvió a la normalidad. Qué felicidad.

Solo puede decirte gracias. Por la tranquilidad que me diste en mi vida. Y por todo lo que me enseñaste. Tú y mamá.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️