El señor Roda, peluquero, que te ponía así de guapo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Desayunando en esta tranquila mañana de sábado. El puente de la Virgen del Pilar. Si bajas a la Plaza Mayor, está todo lleno de gente. Anoche estuve a punto de comerme un delicioso helado de mandarina, pero al final me arrepentí. Y ahora me lo comería.

¡Qué calamidad! Ya sabes que me encanta mirar tu álbum de recuerdos. Y encontré éste. Tú, con una camiseta azul, tu cerveza y tu pinchito de mediodía. Tienes cara de sorprendido.

Era nuestro ‘deporte favorito’ salir a caminar y después nuestra recompensa. Una deliciosa tapa en cualquier bar.

¡Qué divertido y qué sencillo era vivir contigo! Aunque a veces tuviéramos alguna pequeña discusión.

Muchos días paso por delante de tu peluquería. Y me paro. Y veo a otro señor sentado en el lugar donde te ponías tú a que te recortaran la barba.

Si la memoria no me falla, y te puedo asegurar que últimamente la tengo funcionando a tope, te cobraba 12 euros. Y siempre me pedías los dos para darle justo.

Muy práctico. El señor Roda. Con su máquina de afeitar y su tijera. Amable y simpático. Todavía mantiene su negocio abierto, pero sigues faltando tú. Como siempre. Y el piropo de mamá, que te decía: ‘Uy, chico. Qué guapo vienes! Y eso en mamá era extraño, realmente.

Bueno, pituco. ¡Te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero! ❤️