El coqueto traje rosa del día de mi graduación en Los Maristas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo en casa. Ya cambiaron la hora. Hoy ha amanecido antes y se agradece. Bien es cierto que el atardecer se adelantará y comenzarán aquellas tardes infinitas de invierno que solíamos pasar en casa, en las 3G o en cualquiera otro sitio. Siempre los tres juntos. ¡Qué maravilla!

¿Has visto la foto de hoy? Fue el día de mi graduación en Maristas. Me encantaba el traje rosa que me compré en Don Algodoncito. Ya apuntaba maneras para ser una caprichosa con la moda.

No podía estar más orgullosa agarrada de vuestro brazo. Sonriente y feliz. Como cualquier adolescente que vive ese momento especial con su familia.

Hace unos días, Por casualidades de la vida, coincidí con Sonia Acosta, una de mis compañeras de clase y estuvimos haciendo un precioso viaje en el tiempo recordando a los compañeros de pupitre y lo que había sido de sus vidas.

Y nos echamos unas risas. Te lo puedo asegurar. A casi todos les había perdido la pista, pero ya me pusieron al día.

Ya sabes que hoy es día de hora de comida trastocada y también de la de conciliar el sueño. Seguro que hay algún despistado que no ha cambiado el reloj y llega tarde a donde haya quedado. Lógico y normal.

La mañana ha amanecido tristona, víspera de la festividad de Los Santos. Dicen que el lunes volverá a lucir el sol. Ojalá. No calentará como antes, pero pondrá un poco de luz a estos tediosos despertares.

Y se va octubre, papá. Nueve meses han pasado de 2021 y parece que fue ayer cuando estábamos comiendo las uvas pidiendo salud para llegar a 2022. Y mal que bien lo hemos ido pasando.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! 😊

El bello cuadro de hojas secas verdes y amarillas en las calles de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hace un día de otoño ya. No veas la tormenta que cayó anoche. Menos mal que hacía falta el agua como comer. Supongo que la gente tenga huertos u otras cosas lo agradecerán.

Esta noche cambian la hora, peque. Así que mañana todos con los hábitos cambiados.

El estómago me pedirá de comer un poco más tarde y el sueño, que ya me cuesta, me cambiará también esta noche. Un rollo, pituco.

Menos mal que esta mañana me he despertado con buena música para empezar el día.

No hace falta que te diga una vez más la nostalgia que me produce esta estación del año. Daría lo que fuera por ver el sol. Ya sabes que me aporta una dosis extra de Vitamina D.

Lo que me temo es que el sol no va a salir hasta dentro de algún tiempo. Lógico por otra parte. El tiempo y yo… Qué locura. Me horroriza pasar los días aquí. Sin ver paisajes, ni ríos, ni arcoiris. Solo edificios de piedra. Me producen una angustia horrorosa. Pero bueno.

Oh. Unos rayos de sol comienzan a vislumbrarse entre las nubes. Y el suelo está cubierto de hojas. Amarillas y verdes.

Un espectáculo único para mis ojos, algo tristes todavía. Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo que hacer cosas en casa. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero!

Los hermanos Marx y sus divertidas ocurrencias en unas películas inolvidables


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Terminando el mes ya. En un par de días será la Festividad de los Santos.

Una fecha en la que siempre íbamos al cementerio para recordar a familiares y amigos y llevarles un ramo de flores. Una tradición que no pasa, a pesar del desembolso que supone para los bolsillos.

Pero las historias tristes para otro momento. Me acuerdo de Groucho Marx y sus películas, que nos hacían reír. Lo encontré en un sobre de café.

«Madera, más madera». O la firma contratante de la primera parte y toda la parrafada que seguía, y que no voy a contar aquí porque estaría varias horas.

Lo que nos reíamos con el mudo cada vez que pasaba una mujer con curvas y hacia la forma con sus manos.

Siempre con su puro en la boca. Lo que nos hizo reír. Dios mío.

La escena del camarote es mítica. Todas agolpadas. Salía una y entraba otra. Qué jaleos y que risas nos solíamos pasar. Eran nuestras películas favoritas.

Nada mejor que una sonrisa para empezar bien el día. Eso y un poco de ejercicio para coger fuerzas.

Ya es viernes. Fin de semana de Halloween. La fiesta que nunca te gustó y que a mí me encanta. En el fondo sigo siendo la misma niña que se tiraba a tus brazos desde que me levantaba. Hay cosas que no se pierden nunca. Por suerte.

Quizás si me animo me compro un gorrito de bruja o algo así. Me divierte mucho.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! 😘

Mis locas subidas a las torres de la Catedral para soltar adrenalina


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Amaneciendo en este jueves que espero que sea un día maravilloso. Ya es 29 de octubre. Qué rápido se ha pasado este año. Quedan poco menos de dos meses para Navidad

Mira mi foto de hoy. Yo y mis locas aventuras. No se me ocurrió otra cosa que subirme a las torres de la Catedral. Al Ieronimus. Lo que viene haciendo el aburrimiento.

Pues eso. Vi por la web que había invitaciones gratuitas y me apunté. Al llegar, a mayores, llovía. Así que te puedes imaginar el cuadro. De traca de risa. Yo subiendo acojonada (literalmente) y con esos ascensores que marcaban el tiempo que iba pasando de una planta a la otra.

Esa espera, muy simple, se llega a hacer angustiosa. Parece que te falta el aire. Y encima encerrada entre esas cuatro paredes inmensas de piedra. Son claustrofóbicas. Me angustia cada vez más estar en sitios cerrados, pero son manías.

Cuando llegué a arriba, pensé que iba a ser una descarga de adrenalina, de esas que me gustan a mí desde hace tiempo, pero no. Empecé a pisar sobre las cristaleras de arriba y me daba la sensación de que en cualquier momento se abría eso y me iba para el suelo.

Totalmente absurdo, teniendo en cuenta que es un edificio que parece eterno, Yo y mis desventuras. Para escribir un libro.

Al bajar casi me resbalo, pero lo importante es que al final volví a tierra y ya.

Unas aventuras que parecen de niña de 15 años. Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es mi hora del desayuno. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los premios literarios con tu amigo Víctor Chamorro en Hervás


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Ya es 27 de octubre. Ha amanecido un día espléndido. Quedan cuatro días para la festividad de los Santos.

Una fecha un poco triste, pero habrá que ir al cementerio a llevar unas flores a la sepultura de mamá.

He encontrado una foto. Divertida, pero un poco siniestra. En algunas ocasiones, salía a comprar un pastel en forma de ataúd y lo comíamos en casa.

Por dentro tenía nata y mermelada. Delicioso. Hoy me preferido comenzar el día con un desayuno sano: dos piezas de fruta y un tazón de cereales. Y ahora 50 minutos de ejercicio bailando, con las pesas y con la esterilla. Como cuando iba al gimnasio. Creo que no hay mejor forma de comenzar esta mañana de miércoles.

Así que vamos a ello. Hace tres años estaba en Australia. Viviendo la aventura de mi vida. Pero eso es historia pasada. Quizás en algún momento de mi vida pueda hacerlo realidad.

Ya sé que a ti Halloween no me gustaba nada. Pero a mí sí. De hecho pensé en comprarme un gorro de bruja y pintarme de colores la cara, pero al final no lo hice.

Es más propio de niños que de una persona adulta como yo. Ya sabes. Mis ocurrencias. Son como para matarme algunas veces. Como para matarme directamente.

Este año no creo que haya pastel. Primero porque no sé si los siguen elaborando. Salvo que haga una excepción. Tiempo al tiempo.

Si mi memoria no me falla. Y creo que no, hace 10 años se celebraba en Coriano el funeral por Simoncelli. Tú te fuiste a recoger un premio a Hervás y yo me quedé en casa con mamá.

Fue un momento duro, pero realmente nada, porque tenía a vosotros para consolarme, pero bueno. Luego ya os marchasteis y me quedé sola.

No voy a seguir contando tristezas. Voy a hacer ejercicio y luego a dar un paseo antes de comer.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La época de castañas y de los atardeceres tempraneros y nostálgicos


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Me he despertado temprano para ver el amanecer y empezar el día. 26 de octubre. No queda nada para que nos cambien la hora.

Es una pereza ver anochecer tan temprano. Pero es lo que toca en esta época del año.

¿Recuerdas a tu amiga la castañera de San Marcos? Aún no han empezado a colocarse los puestos, pero recuerdo que las subíamos para casa porque a mamá le encantaban.

Con tu buen carácter y tu amabilidad, teniendo en cuenta que íbamos a última hora de la noche, siempre te ponía alguna de regalo.

No sé cuántas entraban en el cucurucho de un euro. Diez más la propina. Era aquella época en que llegábamos muy tarde a casa. Estábamos en el Cava Comerón, que acaba de cambiar de nombre y ahora se llama María de la O, tomando nuestra copita tranquilamente sentados en la terraza. Hasta que llegaba el frío. Y luego ya dentro.

De últimas cambiaste tus costumbres. De tu cerveza pasaste a beber vino con gaseosa. Una mezcla que sencillamente no me gusta nada. La verdad.

Pero como tú decías hay gustos para todo y algunos que merecen palos, Tus frases y tú. De traca de risa.

Los genios son así. Y tú eras uno de ellos. De las letras y como persona. Ahora te imagino ahí arriba con Valle Inclán, don Benito y todos tus admirados escritores de generaciones anteriores a las tuyas.

Me gustaría oír una conversación vuestra. Seguro que es de lo más interesante. Tú contándole tus desventuras literarias, tus premios y el esfuerzo que hiciste para conseguirlos. Y ellos te contarán las desventuras de la época.

Aquella historia tan extraña de Valle que en una pelea con un amigo perdió un brazo. Galicia, Santiago, el mar… Las cosas que adorabas y que yo sigo admirando. No veas las ganas que tengo de volver a ver el mar.

De perder mi mirada en esa inmensa marea azul que nadie sabe donde termina realmente. Pero es algo que me tiene obsesionada. Santiago por lo que significó recorrer sus calles cogida de tu brazo.

Los desayunos en el Derbi. Las mañanas en el cementerio de Boixaca. A donde regresé para poner una flor.

Una promesa que me hice a mí misma y que por fin pude cumplir. Me perdí. Ya sabes que últimamente lo de las rutas y yo estamos reñidas. Lo más normal es que me dé un rodeo de una hora para llegar a un sitio.

Lo que viene siendo perder el tiempo. Eso que tanto valoro. Antes no tanto, pero ahora me horrorizado desde que me levanto hasta que me acuesto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

El Día de las Bibliotecas y de los paseos entre flores


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido una mañana radiante. Hoy es el día de las bibliotecas.

Así que aprovecharé para vestirme rápido e irme, hacer la inscripción, y mirar un libro para traerme a casa para leer un poco antes de acostarme.

He rescatado la foto que tienes en el salón. Esa que pone que queda excomunión para la los que enajenaron un libro, pergamino o papel de esa amplia colección que tienes en casa.

Una excusa perfecta para pasear por Salamanca y disfrutar del encanto de sus calles. Las que tantas veces recorrimos juntos de la mano.

Sin dudarlo un segundo era tu lugar favorito de la casa. Eso y la terraza. Allí, el día que no salías, te ponías tu cervecita y tu aperitivo para pasar el rato. Fíjate que a mí no me gusta nada la cerveza. Prefiero un vinito y siendo ya muy exquisitos, un Aperol, que me vuelve loca.

Todavía recuerdo a aquel señor que venía con su camión y te traía las cajas enteras a casa. Las de Voll Damm.

Las dejabas en el palacete y las ibas sacando del frigorífico para tomarte una al mediodía. Qué delicia.

Luego ya, cuando se terminaban, el hombre venía a recoger la caja y se las llevaba para reutilizarlas. Te hacía un descuento por cada envase que se llevaba embalado.

También nos traía las garrafas de agua. Muy amable el señor.

Hoy es 25 de octubre. Parece mentira que aún se pueda estar en el Huerto de Calisto y Melibea en manga corta. Ya sabes que a la noche refrescará, pero no pasa nada.

Sigo añorando tus besos, tus abrazos y cada una de las cosas que me hacían feliz contigo y con mamá, pero de momento la cosa está como está. Así que bueno.

Por cierto. El otro día me hice un cuelga mascarillas. Superbonito. Con mi nombre y mi apellido. Y un emoticono con un muñeco que esboza una gran sonrisa. Muy práctico en estos tiempos de coronavirus.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero¡ ❤️

Tus tardes de lluvia entre casetas de libros rebuscando entre los puestos


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Empezando una jornada de domingo que se presenta interesante. Me está entrando antojo de churros, para variar, pero me parece que me voy a preparar un zumo normal y una tostada y unos cereales. Y luego, domingo de motos.

Hoy traigo una foto que no dice mucho, pero que me traslada a esas tardes de otoño en las que te bajabas a la Feria Municipal del Libro, en la Plaza Mayor.

Por lo que me contabas, te gustaba meterte por debajo de las casetas a buscar ejemplares nuevos, pero bueno. Allí eras casi casi de la familia. Te querían todos.

Lógico. Tenían muchas cosas que compartir contigo y tú con ellos. En una ocasión, un librero de Valencia te trajo un ‘Lazarillo de Tormes desde allí. Y como era tu personaje de la picaresca española, te lo llevaste para casa. Y allí sigue.

Hay cosas por las que no pasan los años. Con la pandemia, expiró el evento. De momento. No creo que la vuelvan a hacer.

Pero allí siguen colocados en el mismo sitio donde se quedaron. Cada año cuando llegaba octubre, estabas deseando ver a tus amigos los libreros y ellos a ti, pero las cosas no se pueden precedir. Por suerte o por desgracia. Cada día que pasa es único e irrepetible. Por eso hay que intentar vivirlo al máximo.

Leyendo, caminando, limpiando, cantando, bailando e incluso llorando. Todo son experiencias para guardar en la memoria o para dejarlas plasmadas en un diario.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo que empezar mi jornada sobre ruedas y de domingo. El último antes de que nos cambien la hora el próximo fin de semana.

¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los reencuentros con los amigos de siempre y tu sonrisa de felicidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Aprovechando un poco la cama hoy que es sábado, 23 de octubre.

Tengo muchas cosas que contar de lo que pasó hace 11 años. Mamá estaba recién operada de cataratas y yo estuve echándole gotas toda la noche. Me acosté rendida. Entre el viaje, la operación y las curas quedé agotada.

Me iría a la cama pronto, como siempre, Pero a las 9 y poco abrí el ojo. Me acordé de que había motos y puse la tele.

Y pasó una auténtica desgracia. Un terrible accidente en el que perdió la vida mi admirado Marco Simoncelli. Recuerdo que en ese momento ponían en la radio: «Cuando menos piensas sale el sol». Y en ese momento te aferras a la letra de la música para pensar que igual todo era un mal sueño.

Pero no. La realidad fue otra muy distinta. A la hora o así comunicaron oficialmente que había fallecido.

No hace falta que te cuente mi desolación. La tristeza de ese momento empañó, en cierta manera que un par de días antes te habían concedido un premio muy especial. El de tu amigo Víctor Chamorro.

¡Qué alegría cuando te llamaron por teléfono! Momentos como ése no conocí muchos, por desgracia. Uno en Barco de Ávila y los que me contaste tú, que fueron unos cuantos.

Y me encantaba escucharlo. Qué orgullosa me hacías sentir. Y lo sigo estando. No te creas.

A los cuatro días viajaste hasta el pueblecito cacereño a recoger tu galardón. Yo me quedé en casa viendo el funeral. Un grave error. Tenía que haber ido contigo, pero ahora ya no hay remedio.

Cuando estabas en el hospital, vino a verte. Con su habitual amabilidad. Menuda sorpresa. Te cambió la cara de inmediato. Lo único que te había dado un ataque de tos al comer una galleta y nos diste un buen susto a todos.

En unos días volvías a casa. No podía haber mejor noticia. Qué felicidad saber que en breve estaríamos juntos en un lugar mucho más cómodo, aunque luego nos quedara una recuperación amplia.

Hoy hay motos… Y ya sabes que sigo con mis manías sobre ruedas. Así que espero que no pase nada.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que quiero disfrutar del espectáculo. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los días de fin de año de homenajes y fotos para no olvidar nunca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Preparada para afrontar un nuevo día que promete ser divertido. Ya sé que madrugo mucho, pero así me cunde más la jornada.

Aún no ha amanecido y ya estoy en pie de guerra. Qué tiempos aquellos en los que me quedaba en la cama hasta las 12 de la mañana. Y tú me decías: «Trucha, levanta, que ya están puestas las calles». Ahora no me hace falta ni despertador. Con cinco horas de sueño tengo bastante, aunque luego, a media tarde, me entre la modorra, como es lógico y normal.

He rescatado una de nuestras fotos bonitas. Un 31 de diciembre, tras el homenaje a don Miguel de Unamuno.

En la Plaza del Corrillo, junto a la estatua de Adares. Qué bonita. Tú con tu capa y yo con mi vestido y mis tacones. Nunca he entendido muy bien por qué me bajé de los zancos, con lo bien que se vivía con ellos.

Hay momentos e imágenes que no se borran en la vida. Y éste es uno de ellos. La verdad. Uno de los muchos que por fortuna pudimos compartir. Ahora hecho de menos tantas cosas, papá.

No te lo puedes ni imaginar. Llevar a mi ‘osito’ agarrado del brazo, era algo que me llenaba de orgullo. Igual que cuando iba con mamá. El tiempo vuela. Y nunca mejor dicho.

Por eso hay que intentar exprimir al máximo las 24 horas del día. Y te aseguro que lo intento. Ahora como anochece tan pronto y amanece tan tarde, la sensación es que todo pasa aún más rápido.

Ayer seguían colocando luces de Navidad. Y me acuerdo venía cantando por la calle: ‘All i want for Christmas is you’. Creo que la misma noche que regresaba para casa del hospital, pensando que ya te daban el alta, miraba hacia el cielo y la tarareaba con alegría. Sin saber que el desenlace tan fatal que me esperaba en unas horas.

Pero bueno. Esas son cosas del pasado, que ya, por desgracia, no tienen remedio.

Hoy es día de motos. De desayuno con churros y de muchas emociones. O al menos eso espero.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero! ❤️