Las dulces mañanas al sol de la Alamedilla con un refresco de limón y patitos


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Otra mañanita de sol. Tímido al principio, pero que te deja desayunar tranquilamente en la terraza.

El veranillo de San Martín nos está dando una pequeña tregua para disfrutar del solecito y coger los últimos rayos de Vitamina D.

De hecho ahora mismo no la temperatura ha subido un montón. No hay quien pare. Cualquiera diría que estamos a las puertas del invierno.

Ayer hice una corta visita a nuestros amigos los patos, en La Alamedilla. Siguen siendo igual de simpáticos que siempre. Campan ampliamente por el agua.

Aún recuerdo aquellas mañanas en las que íbamos a rehabilitación al centro de salud de allí pegando. Al salir te encantaba quedarte un rato sentado en el banco .

De camino, te gustaba quedarte en las 3GGG. Allí te ponían una chanfaina exquisita. Que saboreabas como si fuera la última de tú vida. Y yo no sé si me tomaba patatas meneadas o algo así. Qué rico todo. Tengo ganas de volver allí a comer arroz. Llevo con esa idea no sé ni el tiempo.

Arroz y un vermut fresquito. ¡Qué delicia! Era pegando a Navidad. Tú venías con tu gorra y un abrigo verde que utilizabas siempre. Tu bufanda y un termómetro. Marcaba 85 grados aproximadamente. De traca de risa.

Te hice una foto. Qué buena. Tú debajo del termómetro con la gorra quitada del calor que hacía. Y haciendo como que sudabas.

Tenías unas ocurrencias propias de un genio. Un gran genio con ese punto de locura que me hacía reír tanto que se me saltaban las lágrimas.

Cuántos recuerdos agolpados en unas pocas líneas. Demasiados para escribir todo lo que siento dentro de mi pequeño corazón quebrado por los golpes tan fuertes que te da la vida.

Pero no queda más remedio que ir recomponiéndose poco a poco. Es duro. Sin prisa, pero sin pausa. Eso siempre.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es la hora de comer y las tripas empiezan a rugir.

¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! 😘