Nuestro increíble y loco viaje a Isla Canela con final feliz


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Recién levantada. Es 29 de septiembre. Hace un día soleado, pero fresquito.

Es 29 de septiembre, San Miguel. Hace ya unos cuantos años estábamos en Sevilla. Viendo los toros. Se despedía, El Litri.

Y allí estaba yo. Viviendo un momento histórico. De esos que merecen la pena vivir. Con Manuel Caballero y Miguel Abellán.

De esos ratos que merecen la pena. Una pena que hayan cambiado tanto las cosas con el coronavirus.

Hoy me he despertado un poco tarde para ir a comprar churros. La verdad es que es una de las cosas más ricas para desayunar. Mañana con más calma.

Me está llegando el olor hasta aquí y Es delicioso.

Era una costumbre que tenía desde siempre, pero bueno. Habrá que ir recuperándola poco a poco. No me ha dado tiempo.

Hace ya unos cuantos años. No sabría decirte exactamente cuántos, íbamos camino de Isla Canela. El viaje más raro de mi vida, pero no lo voy a recordar ahora.

Sé que estábamos mamá y yo con infusiones para tranquilizar un poco los nervios, pero al final, tuvimos suerte y nos salió todo bien. Qué rato, peque. Menos mal que todo quedó en una anécdota y nos pudimos reír. Hubo una fiesta en el hotel. Ponían música de Diré Straits y allí estuvimos con nuestros copazos hasta que la noche terminó.

Te dio una bajada de tensión porque te habían hecho creado una infección en la boca.

Recuerdo que te compré unas crocs con agujeros negros en el kiosko del hotel Isla Canela. La vida nos dio para encontralo. En esos días adelgazante mucho. Te quedaste demacrado,pero bueno. Hoy es bonito recordar que tuvo un final feliz.

Lo más gracioso,sin duda, fue el momento en que mamá se fue a sentar en la tumbona de la playa y se encajó en el hueco. La levantó la chica que trabajaba en el servicio de tumbonas.

Qué cosas nos pasaron. Unas historias muy bonitas para narrarlas en este humilde blog.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️