Nuestras divertidas historias antes de dormir y las noches de feria y cava


¡Hola papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Disfrutando de un maravilloso amanecer. Es 10 de septiembre, un día que se presenta bastante entretenido.

En unos minutos empiezan las motos y esta noche tengo concierto. Así que como comprenderás, estoy encantada. Hace un poco de fresco, pero bueno. Lo típico de estas fechas.

No veas cómo me acuerdo de esas noches de fiesta en el Cava Comerón. Nos ponían tortillitas, rabas y un par de copitas para alegrar la noche al ritmo de la buena música.

Qué delicia recordar ese momento. Esos, porque fueron muchos. Todos agradables. Y la cena… Una bomba de calorías, pero nos quedábamos tan a gusto los dos.

Mamá no solía acompañarnos. Ya sabes lo que le gustaba quedarse tumbada en su cama con la radio.

Fíjate que ha pasado tiempo. Y todavía llego a casa y siento un vacío enorme. Estar sola en la terraza viendo la luna o las estrellas es muy reconfortante, pero entrar y no poder contarle lo que te ha pasado durante el día. Es realmente triste.

La realidad que me toca asumir. Por muy duro que sea. No puedo olvidar cuando te ibas a la cama. Yo llegaba allí y te contaba historias imposibles. Ni sé de donde me salía tanta imaginación. La único cierto es que siempre te despertaba una gran sonrisa. Tú feliz y yo más. Que era lo único que me importaba.

Cada vez que te cogía de la mano pensaba si le tendrías miedo a la muerte. Nunca te lo pregunté. Supongo que sí, pero eras mi héroe y serás mi héroe.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Que me estoy poniendo un poco melancólica. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️