Los ricos helados de la Plaza y las divertidas mañanas de casetas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy sí que ha amanecido un día fresco. No creo que me equivoce si te digo que va a llover. O está en ello. Un poco fastidioso y más porque hoy empiezan los toros en Salamanca.

Ayer en el desenjaule se mató uno. ¡Qué tiempos aquellos en que estábamos en el callejón viendo el espectáculo! Aunque te cueste creerlo, me apetecía ir, pero no creo que sea posible.

9 de septiembre ya. Y Salamanca a las 12 parece una ciudad fantasma. Es una lastima que en plena feria las calles se queden vacías a esas horas de la noche.

Tengo la mala costumbre de no hacer fotos de los sitios a los que voy, pero ayer estuve viendo a un joven que estaba haciendo un espectáculo de contorsionismo y me dejó alucinada.

No sabes lo que echo de menos esos días en que salíamos a las casetas, no muchos, los justitos, para tomarnos un vermut solos o con los amigos.

De últimas ya ibas con tu bastón. Con tus dos bastones. El de palo y el de mi brazo. La felicidad en estado puro.

Mamá no era muy amiga de esas cosas. Alguna vez nos acompañaba por lo que le gustaba comer. Era un no parar tenía siempre en la mesilla galletas, dulces o algo que llevarse a la boca. He rescatado una foto de ella con un helado gigante, que fuimos a comer las dos.

Por cierto, ayer actuó Miguel Ríos. Llenó el campo de fútbol de Puente Ladrillo y deleitó a la gente con los clásicos de su repertorio. Una maravilla.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que voy a desayunar. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️