Los helados de chocolate y las camisetas llenas de lamparones


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Amaneciendo antes de lo habitual, que ya es decir. Qué poco me gusta dormir. Hay cosas que no se me pegaron de ti. Tu costumbre de salir de la cama a las 11 y 11 minutos me da un poco de envidia.

A diferencia de cuando éramos jóvenes, ahora sí están puestas las calles. En realidad están siempre, pero no pasa ni un alma por ellas. La gente a estas horas duerme. Las persianas están bajadas y hay un silencio sepulcral.

Es 4 de septiembre ya. En 17 días entra mi poco querido amigo otoño. Ya hay bastantes hojas por el suelo. Sí aparece el sol, que aún no lo sé, tocará piscina. De lo contrario, comida en casa. Así que mejor que ‘Lorenzo’ salga en breve, que me encanta nadar.

Hoy no sé qué anécdota contarte. Tengo mil. Anoche comí un delicioso helado de chocolate y mandarina y me acuerdo de lo que te gustaba tener un postre así. Un Contessa con un poco de licor de whisky o un cucurucho con una bola gigante, como la que te zampaste en el Puerto de Santa María, en Cádiz, hace ya unos cuantos años.

Se te empezó a escurrir y te pusiste perdido. Camiseta directa para la lavadora, pero tu sonrisa era lo que realmente valía la pena del momento.. Creo que hasta te aplaudía.

Una reacción muy típica mía cuando algo me gusta. Y lo cierto es que cada vez me divierten poco ciertas cosas. Pero a una edad es normal. No es lo mismo cuando tienes 15, que te fascina todo, a cuando llegas a los míos, que es todo más rutinario.

Nos hacemos mayores. Y siempre dando gracias, porque la mascarilla es un agobio, más como no queda otra. Pues nada. Ajo y agua. Una expresión muy nuestra. ¿Verdad?

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️