Las peleas de ‘dreas’ y tu maltrecho tobillo herido


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Hoy parecía que el lluvia iba a llegar a la ciudad, pero de repente ha abierto el día y hace un solecito maravilloso para desayunar en la terraza tranquilamente.

Como soy una calamidad, este año no hice la foto de familia con los piscineros. Y a estas alturas, ya es imposible, pero no pasa nada. Ya habrá tiempo de hacerlas.

Ayer, hablando de todo un poco, me acordé de las archiconocidas dreas, que tantas veces me contaste.

Cuando eráis unos niños, quedåbais en un lugar donde reuniros al aire libre y vuestra diversión era lanzaros piedras unos a otros. ¡Lo inconsciente que es uno a una determinada edad!

Tuviste fortuna. si no mal recuerdo, solo te hicieron una pequeña brecha en la pierna. Nada grave. Una historia que contabas divertido como tantas otras.

Uno de tus amigos, Beni, era el encargado de poner orden en el caso de que hubiera algún problema. Y en una de sus muchas incoherencias, se le ocurrió saltar la tapia del cementerio. Eso lo debe dar la adolescencia, porque otra cosa, lo dudo bastante, la verdad.

Te lo pasaste muy bien de pequeño. Y yo mejor escuchando tus divertidas historias.

Ahora solo queda esperar a que pase esta mala semana para que pueda coger un poco más de vitamina D en la terraza, como hacía antaño, y aguardar al otoño con toda la melancolía que me produce.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️