Las dulces mañanas al sol de la Alamedilla con un refresco de limón y patitos


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Otra mañanita de sol. Tímido al principio, pero que te deja desayunar tranquilamente en la terraza.

El veranillo de San Martín nos está dando una pequeña tregua para disfrutar del solecito y coger los últimos rayos de Vitamina D.

De hecho ahora mismo no la temperatura ha subido un montón. No hay quien pare. Cualquiera diría que estamos a las puertas del invierno.

Ayer hice una corta visita a nuestros amigos los patos, en La Alamedilla. Siguen siendo igual de simpáticos que siempre. Campan ampliamente por el agua.

Aún recuerdo aquellas mañanas en las que íbamos a rehabilitación al centro de salud de allí pegando. Al salir te encantaba quedarte un rato sentado en el banco .

De camino, te gustaba quedarte en las 3GGG. Allí te ponían una chanfaina exquisita. Que saboreabas como si fuera la última de tú vida. Y yo no sé si me tomaba patatas meneadas o algo así. Qué rico todo. Tengo ganas de volver allí a comer arroz. Llevo con esa idea no sé ni el tiempo.

Arroz y un vermut fresquito. ¡Qué delicia! Era pegando a Navidad. Tú venías con tu gorra y un abrigo verde que utilizabas siempre. Tu bufanda y un termómetro. Marcaba 85 grados aproximadamente. De traca de risa.

Te hice una foto. Qué buena. Tú debajo del termómetro con la gorra quitada del calor que hacía. Y haciendo como que sudabas.

Tenías unas ocurrencias propias de un genio. Un gran genio con ese punto de locura que me hacía reír tanto que se me saltaban las lágrimas.

Cuántos recuerdos agolpados en unas pocas líneas. Demasiados para escribir todo lo que siento dentro de mi pequeño corazón quebrado por los golpes tan fuertes que te da la vida.

Pero no queda más remedio que ir recomponiéndose poco a poco. Es duro. Sin prisa, pero sin pausa. Eso siempre.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es la hora de comer y las tripas empiezan a rugir.

¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! 😘

Nuestro increíble y loco viaje a Isla Canela con final feliz


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Recién levantada. Es 29 de septiembre. Hace un día soleado, pero fresquito.

Es 29 de septiembre, San Miguel. Hace ya unos cuantos años estábamos en Sevilla. Viendo los toros. Se despedía, El Litri.

Y allí estaba yo. Viviendo un momento histórico. De esos que merecen la pena vivir. Con Manuel Caballero y Miguel Abellán.

De esos ratos que merecen la pena. Una pena que hayan cambiado tanto las cosas con el coronavirus.

Hoy me he despertado un poco tarde para ir a comprar churros. La verdad es que es una de las cosas más ricas para desayunar. Mañana con más calma.

Me está llegando el olor hasta aquí y Es delicioso.

Era una costumbre que tenía desde siempre, pero bueno. Habrá que ir recuperándola poco a poco. No me ha dado tiempo.

Hace ya unos cuantos años. No sabría decirte exactamente cuántos, íbamos camino de Isla Canela. El viaje más raro de mi vida, pero no lo voy a recordar ahora.

Sé que estábamos mamá y yo con infusiones para tranquilizar un poco los nervios, pero al final, tuvimos suerte y nos salió todo bien. Qué rato, peque. Menos mal que todo quedó en una anécdota y nos pudimos reír. Hubo una fiesta en el hotel. Ponían música de Diré Straits y allí estuvimos con nuestros copazos hasta que la noche terminó.

Te dio una bajada de tensión porque te habían hecho creado una infección en la boca.

Recuerdo que te compré unas crocs con agujeros negros en el kiosko del hotel Isla Canela. La vida nos dio para encontralo. En esos días adelgazante mucho. Te quedaste demacrado,pero bueno. Hoy es bonito recordar que tuvo un final feliz.

Lo más gracioso,sin duda, fue el momento en que mamá se fue a sentar en la tumbona de la playa y se encajó en el hueco. La levantó la chica que trabajaba en el servicio de tumbonas.

Qué cosas nos pasaron. Unas historias muy bonitas para narrarlas en este humilde blog.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Ordóñez. Orson Welles y Hemingway, tres genios unidos por el amor a los toros


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy hace un día estupendo de sol. 28 de septiembre ya. Se intuye el otoño. Las hojas secas empiezan a llenar las calles.

Por algunos sitios por los que paso, en calles estrechas, en ocasiones me recuerda a la escena final de “El tercer hombre’.

Qué gran película y qué trágico desenlace. Era una de esas que veías una y otra vez sin cansarte. Te encantaba Orson Welles, al que admirabas profundamente como actor y como director de cine.

Si no mal recuerdo, llegaste a verle en Salamanca. En la plaza de toros. Era un profundo admirador de Antonio Ordóñez. Como tú.

Dos genios a los que se unía Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura. Casi nada. Y privilegiado tú que pudiste ver a los tres.

Me lo contabas con una sonrisa en la cara tremenda. Normal. La misma que se me pone a mi cuando veo a alguno de mis artistas favoritos.

En ese hemos salido parecidos. En eso y en muchas cosas más. En el carácter sobre todo.

He salido exactamente igual que tú. Con temperamento. Pero me gusta. Mejor así. Mamá era más dulce. Tanto que siempre llevaba un montón de caramelos en el bolso para repartir a la gente.

Qué fortuna la mía la de haberos tenido como progenitores. Cada noche cuando miro al cielo y aparece el lucero del alba, lanzo un beso hacía arriba con la esperanza de que os llegue

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Voy a empezar mi día, que promete ser largo. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Los fantásticos momentos de mi vida con el mejor papá del mundo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Espero que bien. Yo en casita. Hoy encontré esta foto y me dio la nostalgia. Hace tres años que andábamos todas las noches en el Cava Comerón.

Esta foto me pone nostálgica porque eran 3 semanas antes de que yo emprendiera la mejor aventura de mi vida: Irme a Australia, al país con el que siempre soñé poder visitar.

Sé que no te hacía mucha gracia. No querías que te dejara solo tres semanas. Te caíste y te hiciste dañó en el tobillo. Y fuimos al fisio, que no pudo arreglärtelo.

Después bajamos al hospital y te pusieron una escayola fatal que te destrozó la pierna. En aquel ninguno de los dos imaginábamos que era el principio del fin.

Algunas noches te bajaba yo en la silla de ruedas. Otras lo hacía algún conocido, pero hasta que no quedó más remedio que ingresar, vivimos la vida, peque. A nuestra manera. Con una copita de cava y un montadito. Así noche tras noche.

No te puedes imaginar lo que son las noches sin ti. A pesar de que han pasado tres años. Hay días en que el dolor se lleva mejor, pero otros, ahí en casa, son muy duros.

Qué complicado es esto papá. Estamos aquí de paso. Aunque intento disfrutar todo lo que puedo dentro de un orden lógico, siento que el tiempo se va demasiado rápido. Demasiado.

Tan rápido que me quedé sin vosotros en un año. Y me considero afortunada , porque os tuve hasta las 45 años a mi lado, pero ese vacío la ausencia de dos personas tan maravillosas como vosotros, no lo puede llenar nadie. Absolutamente nadie

Muchas veces me pregunto por qué aparecen estas fotos el día que me he despertado con el ánimo un poco más bajo, pero bueno. Normal. Mi móvil es una caja de recuerdos. Unos salen buenos y otros salen malos. Y así vamos. Tirando como se puede.

Echando de menos tus abrazos, tus besos y hasta tus broncas cuando preparaba alguna, que no era muy a menudo, pero sí. Alguna que otra liaba.

Hoy me espera un día largo. E intenso. Así que voy a empezar a hacer cosas para intentar que termine lo mejor posible.

Bueno, pituco, te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

El aniversario de la trágica muerte de Paquirri en Pozoblanco


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy ha amanecido un día tristón y gris. De estos para quedarte en casita mirando por la ventana tranquilamente con un buen desayuno, un aperitivo consistente y una peli con mantita.

Es 26 de septiembre ya. Una mañana como ésta, en 1984, nos estábamos preparando para ir al cole. Y tú te ibas a trabajar. De caminó a la oficina, en el kiosko de Clemente, comprabas el periódico. Ese día retornaste rápido a casa. En la portada venía que un toro había matado a ‘Paquirri’ en la plaza de Pozoblanco.

La noticia te impactó tanto como a nosotras, que nos quedamos de piedra al oír el trágico desenlace. Decidiste que no fuéramos al cole y nosotras tan contentas.

Con la morosidad absoluta de este país, acaparó informativos, portadas de revistas, radio….

Conmoción absoluta por el fallecimiento del afamado diestro de Barbate.

Se me olvidó contártelo ayer para que se lo dijeras a mi princesa. Iñaki Gabilondo, su locutor favorito, con el que se despertaba todas las mañanas con su radio, anunciaba que dejaba definitivamente la profesión. Si estuviera aquí le hubiera dado una pena tremenda. Me entristeció ver cómo un gran profesional de la comunicación se jubila.

Aquella tarde en el Liceo, cuando llevé a mamá para que lo viera, lo pasamos genial las dos. No podía estar más feliz. Y yo con ella. Siempre a su lado.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero ❤️

La magia de las luces y tus viajes imposibles en avión


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Madrugando un poco. Lo normal en mí. Cinco horas y unas ojeras de asustar, Últimamente estoy un pelín descuidada para lo que era yo, pero ya llegarán tiempos mejores.

Aunque hace mal clima, me gusta desayunar en la terraza con una bata hasta que la climatología lo permita.

Acabo de ver pasar un avión y he vuelto a pensar en el miedo que os daba a ti y a mamá subiros en este medio de transporte.

Los solíamos mirar desde muchos sitios, pero donde más pasaban era en el Cava Comerón. Me acuerdo de tu pregunta. ¿Nos verán desde ahí arriba? Yo te contestaba que no. Tú, por si acaso, saludabas.

Eras mágico, peque. Desprendías el mismo brillo que el espectáculo de”Luces y Vanguardias” de la Plaza Mayor que vimos juntos.

Disparidad de criterios, como siempre. Mientras que yo alucinaba en colores, tú me decías que no te gustaban.  Y yo te dejaba por imposible.

Esa noche cenamos en el 100 montaditos, que lógicamente no te gustó. Entre las colas y que preferías estar en sitios buenos, pues eso. Desastre total en aquella bonita noche de junio, que terminamos en un banco sentados arriba de la calle de Zamora.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy con la imagen de aquel festival. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ❤️

Los días grises de tormenta y el hombre de los ojos grises cautivadores


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ayer por la tarde llovió bastante aquí en Salamanca. Un día de estos que te encantaban y que yo aborrecía directamente.

Nunca me gustó demasiado la lluvia. Siempre he sido más de sol, de estar morenita, de coger vitamina D en la terraza hasta noviembre bien a gusto.

Tú solías salir con tu libro, tú cerveza y un buen aperitivo a pasar allí el ratito antes de comer. Qué buenos momentos vivimos allí los tres juntos.

Por eso os extraño tanto cuando ahora me pongo en la mesa redonda a desayunar o a ver las estrellas por la noche. Siempre que se puede, que ayer no fue el caso.

Cuando voy caminando me encanta ver a los bebés. Y buscando razones para esa extraña manía, creo que algunos, por su pelo rubio y rizado, me recuerdan a esa foto que convertimos en alfombrilla de ordenador, donde estás tú con una oveja de peluche.

Recuerdo perfectamente que decías que eras el niño más guapo del mundo. Y para mí eras el niño, el adolescente, el hombre y el padre más guapo del mundo.

El hombre de los ojos grises que me hechizaban y que por desgracia no salieron en mis genes.

Se los llevó la tierra aquel triste 13 de diciembre. Precisamente un 13 y víspera de Navidad.

Pero de poco sirven los recuerdos. Así que nada. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Los desayunos al lado de Torrente Ballester y los arcoiris gigantes


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. 23 de septiembre ya. Quedan tres meses y un día para que sea Nochebuena. Y parece que fue ayer cuando comenzaba 2021. Se pasa todo rápido realmente.

Es todo tan efímero que te parece mentira la vida. Es una sensación tan extraña la que pasa por mi cabeza desde primera hora de la mañana, pero bueno. Yo y mis locuras. Punto y aparte.

Ayer fui a ver a Gonzalo Torrente Ballester, que llevaba tiempo sin verlo. A ver si me daba un poco más de inspiración. Aún recuerdo el día que se fue. Acababa de llegar a Madrid para cubrir la información de la Feria Internacional de Turismo, cuando nos llegó la noticia que, lógicamente, conmocionó al mundo de la literatura.

Hace dos estaba, tal día como hoy, me hiciste uno de los regalos más hermosos de mi vida. Una cosa muy simple, pero muy difícil de ver.

Saliendo del circuito de Motorland, cuando una lágrima recorría mi mejilla al abandonarlo, en el cielo salió un arcoiris gigante, que transformó mi tristeza en una alegría desbordante.

No creo que haya un espectáculo más bonita y más barato. La felicidad a veces se compone de cosas pequeñas.

Nunca he vuelto a ver uno igual. Y ahora que anochece tan pronto y apenas llueve, lo veo complicado.

Ahora sí. Es hora de empezar el día para vivirlo a tope. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los días de vino y rosas en las casetas de la Feria de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Amaneciendo en este 22 de septiembre. Es muy temprano. Lo sé, Pero ayer me acosté relativamente pronto.

He recuperado esta foto de un día de feria en la caseta de las “Cuatro hermanas’. Con tus amigos Nicolás y María. Tomando el aperitivo en la Plaza de Los Bandos.

Qué buenos tiempos aquellos con los amigos Tomando vermuts y vinitos por ahí. .

Sonrisa infinita a tu lado. Cómo siempre. No veas lo que me sigue costando amanecer sin ti y sin mamá. Hoy me he levantado con una nostalgia tremenda. Y rota de la espalda. Los años no pasan en balde. Y los míos ya se van notando.

Lo único bueno es que podemos seguir contando las cosas y disfrutar de la vida, que no es poco.

Aquel día lo pasamos genial realmente. Estuvimos hasta las 4 de tapeo. Qué divertido. Este año como no pusieron casetas, pues nada. Se han pasado los fiestas de la mejor manera posible.

Y siempre dando gracias. Ahora toca ponerse las pilas cara al otoño, pero bueno.

Voy a desayunar. Estoy muerta de hambre. Sigo añorando aquellas época en que te preparaba tu Cola Cao con los bizcochos. Lo que podías disfrutar de una cosa tan simple como esa.

Y si. Hasta las 11 y 11 estabas en la cama. Con tus pijamas de pantalón corto y largo. El más original que tuviste te la trajo Mariko de Japón. Era una especie de kimono en azul precioso. Lo que te pudo encantar.

Vinieron desde Japón a verte. Menuda ilusión. Qué bonitos días. Hoy no escribo más salvo que haya alguna novedad.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Mis divertidas aventuras sobre ruedas en el circuito de Motorland


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es San Mateo, día de la provincia y antes fin de feria.

Siempre íbamos a los toros. El espectáculo comenzaba antes porque ya oscurecía mucho más temprano.

Era el día de los rejoneadores. Recuerdo que un año toreó Emilio Oliva, el de Chiclana. Y no sé por qué me encantó. Cosas de la edad del pavo.

Aunque ahora estoy volviendo a esa etapa en que me gusta todo lo que atraía cuando era adolescente. Los conciertos, las atracciones y las motos.

Precisamente hace 2 años me hice esta divertida foto en Motorland. Montada en una BMW. Creo que fue el viaje más bonito desde que te fuiste.

Aún me veo en la puerta del box de Valentino Rossi escribiendo el blog. Ese día me salió un post muy bonito. Quizás me inspiró el sitio donde estaba. Quizás no. Fijo.

Un sueño que terminó con una foto con Valentino Rossi y un enorme arco iris de despedida. El regalo más bonito que me pudistes hacer, papá.

Fue la despedida perfecta a cuatro días de ensueño, en los que tuve la oportunidad de bajar a la pista para ver a darle la bandera a Alex Rins.

Ojalá pronto pueda volver a un GP. Ya sabes que es lo que más me gusta en esta vida. El ruido de los motores me vuelve loca. Y no me arrepiento. Al contrario. Vivo cada carrera como si fuera la última.

Mi lema desde meses es haz todo lo que te apetezca, porque esto pasa rápido y no hay marcha atrás.

Voy a empezar a hacer cosas en casa y a dar un largo paseo. No sé hasta donde seré capaz de llegar, pero me hace falta, porque he cogido un poco de peso.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️