Los sustos para infartar por tus despistes y los preciosos regalos de la naturaleza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Esta foto es de ayer por la noche. Otro regalo de la naturaleza. Un maravilloso atardecer en la sierra. El sol se estaba ocultando y, una vez más, me faltó el rayo verde. Ese que dicen que anuncia el final del día y que es tan complicado de observar desde cualquier lugar. Si acaso en el mar. Precioso, de cualquiera de las maneras. ¿Verdad?

Anoche, hablando de todo un poco. Y no me digas por qué salió el tema de los hospitales, me acordé de que los dos siempre fuimos un poco despistados. Una de las veces que bajamos a Urgencias para ver a tu hermano Enrique, te fuiste a buscar el aseo.

Y no hace falta que te diga lo que te pasó. Tardabas en venir y, lógicamente, al ver que no volvías, me adentré en ese laberinto de pasillos que es la zona de radioterapia del Clínico.

No había manera de encontrarte. Al final, preguntando, como siempre, y con el susto metido en el cuerpo, pregunté a una celadora. Le di tu descripción (por aquella época ya ibas con tu bastón) y ,tras un buen rato de incertidumbre, apareciste por uno de los ascensores. Sonriente, como siempre. No sé te ocurrió otra cosa que ir al baño y no fijarte en la ruta que habías iniciado.

Cuando nos reencontrarnos, a eso de las dos de la mañana, te di un fuerte abrazo. Aunque, lógicamente, te eché una buena bronca por la angustia de esos minutos sin dar señales de vida.

Al final todo quedó en eso. Un susto de los buenos. Para celebrar el reencuentro, nos fuimos a tomar unos pinchos y unas copitas al Elfos.

Supongo que llegaríamos a casa sobre las dos o las tres de la mañana. Mamá estaba con su radio. O medio dormida ya. Cuando le contamos lo sucedido, no sabía que pensar. Pobriña. Entre las dos la matamos a disgustos. Lo único bueno fue que llegamos sanos y salvos a casa.

Aventuras para contar nunca faltan. Unas más entretenidas o curiosas que otras. Ya sabes que depende de la inspiración con la que me despierte ese día. ¡Bueno, pituco. Te dejo por hoy! Disfruta de esa fantástica imagen, que supongo que podrás ver en algún lugar privilegiado allá donde estés. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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