El trágico final de El Yiyo y las mañanas de moras y churros


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo madrugando en este último día de agosto. Ahora mismo apenas se oye ruido en la calle, quitando algún camión que trastoca este momento de relax total.

Últimamente estoy un poco trágica contando historias, pero formaron parte de nuestras vidas. Una noche como la de hoy, hace 36 años (sí escuchas bien, 36) que un toro le propinaba una cornada mortal a El Yiyo en la plaza de Colmenar Viejo.

Estoy visualizando la imagen del momento. Nosotras dentro del salón jugando y tú en la terraza con la radio. Entraste y pusiste la tele, pero por aquellos no iban como ahora. Así que no sé si a última hora de la noche, pudimos ver aquel instante tan duro y que, al final, deja huella en tu cabeza. No lo sé, papá.

Siempre tuviste la buena o la mala costumbre de hacernos ver la realidad, aunque no fuera todo de color rosa, que es la manera más bonita de ver la vida.

Y así fue durante los años que estuvimos juntos. Un camino de rosas, con alguna pincho, pero muy bonito de recordar.

Ayer estuve en la piscina, que hacía una tarde espléndida. Eso sí. Bajar hasta la cueva me cuesta un rato. Normal, peque, normal.

Ahora llega la época de las moras. Así que en cualquier momento ‘echaremos’ una mañana entre zarzas, picotones y risas con los chicos de la pisci.

Luego tendré que hacer mermelada. Si me acuerdo de la receta, pero bueno, algo saldrá. Ya sabes que es algo que siempre me gustó. Eso y preparar un licor con aguardiente por si acaso hay alguna mala digestión.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El inolvidable viaje a Gandía pasando por la Boca del Inferno, en Cascais


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. A punto de darle la bienvenida a septiembre. El principio del fin de  un verano extraño, pero fantástico.

Y sí, como no, se me vino a la cabeza aquel día en que tomaste la repentina decisión de que viajáramos hasta Cascais para pasar nuestro descanso estival. Ya por entonces fruncí el ceño y mostré mí no consideración esa decisión. No me apetecía nada la idea de estar en un tren, pero la respeté.

Tu sueño era conocer la Boca del Infierno en Cascais. Y allí fuimos a parar los 4.

Nada más llegar, nos dejastéis en el apartahotel, bajamos a comer y luego salistéis a dar una vuelta. Viendo la distancia, y que allí no había “tugurios” para visitar por la noche, al retornar, dijiste que nos marchábamos a Gandía.

Después de 12 horas de tren aguantando a un señor que había perdido su cartera, nos tragamos otras 24 dirección Gandía. ¡Qué paciencia infinita! Además habías cambiado el dinero a escudos y era poco factible adquirir ni alimentos básicos. Casi un día después, llegamos a nuestro destino, pero bien.

Allí te estaba esperando tu querida ‘Kissie”, una perrito Marilyn que te adoraba. Y tú a ella. Era blanquita, con rizos y con un enorme apetito. La tenías tan malcriada, que solo subía a merendar a casa.

Y no cualquier cosa, que sí había paté, prefería eso a una raja de mortadela. Y las patatas, light, que no tuvieran mucha grasa.

Qué bonitas imágenes tengo de aquel viaje. Lástima que no localice la foto que tenías con ella, pero por suerte siempre hay un plan B para subsistirlo.

Bueno, pituco. ¡Te dejo por hoy! Cuidate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

La increíble historia de amor de Manolete y Lupe Sino en el aniversario de su muerte


¡Hola, papá! ¿ Cómo estás? ,Yo bien. En casa. Es domingo de carreras. Ya sabes lo que ello conlleva. 29 de agosto, aniversario de la muertede Manolete en la plaza de toros de Linares. Fue en 1947. Casi nada.

Recuerdo que Carmen Esteban, la colaboradora de La Gaceta, me contaba la historia de amor del diestro, propia de una película, con la bellísima Lupe Sino.

Y yo me quedaba alucinada. Eran épocas distintas y había muchos tabús con respecto al tema de amores y desamores. Pero bueno.

Ahora las cosas han cambiado y se vería como lo más normal del mundo.   

Desde pequeñas nos metiste de lleno en el mundo de los toros y de las mil y una anécdotas que rodean a su entorno.

Lo mismo daba ir a La Glorieta a ver un espectáculo que levantarnos a ver los encierros de San Fermín y devorarnos una caja de galletas Pim’s, que nos compraba mamá para desayunar. Y lo felices que éramos así. Con algo tan sencillo como una galleta.

De chocolate, por supuesto. Que tampoco se me olvida cuando la ‘princesa’ se enfadaba y nos daba con la zapatilla en el culo porque no le hacíamos caso.

Lo que dolía un buen azote con ese calzado de plástico, dado con todas las ganas del mundo. Y no se cortaba,no. Corríamos como locas por el pasillo para esquivar el golpe, pero ella era más rápida, evidentemente.

Qué tiempos tan maravillosos, que no volverán. Pero hoy lo cuento y sonrío. No te creas que no echo de menos esos momentos. Mucho, pituco, mucho.

La tranquilidad, entre comillas, de estar sola, en algunos momentos es realmente insoportable. Se supone que el tiempo cicatriza las heridas, pero yo pienso justo lo contrario. Al principio crees que todo es un mal sueño. Un día despiertas y te das cuenta que no. Que es la realidad. Pura y dura.

Estamos aquí en un viaje con destino desconocido. Una travesía que puede durar más o menos en función de la suerte que vayamos teniendo.

Por ahora el trayecto continúa. Sin rumbo. Improvisando, que es lo más divertido ante la falta de certeza por lo que se nos pueda venir encima.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La danza de la cerveza y tu particular colección de objetos extraños


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Viendo amanecer. Insisto una y mil veces en que me encanta.

Hoy te tengo que contar una cosa triste. Ayer me enteré que hace ya más de un año se fue vuestro amigo Ricardo, el que en los últimos años trabajaba en el tobogán.

Una noticia dolorosa, pero que te hace pensar más aún en lo efímera que es la vida. De esas que te dan ganas de salir corriendo y así lo hice. Lo único es que no tenía suficiente espacio para llegar hasta la luna, que por la noche me hizo una visita a la terraza.

Recuerdo que te ponía unas jarras de cerveza en el Tobogán, cuando íbamos allí a alguna cena taurina. Qué manjar tan exquisito, papá.

Ella tampoco sabía que su amiga de siempre, mamá, se marchó al arco iris de los papás hace ya casi dos años.

Aunque no te lo creas, y a pesar del tiempo, aún conservo en la cocina una lata que te regalé del Lidl. Con su copa gigante. Está tal cual la dejaste. Y te aseguro que ya tiene unos cuantos años.

Me hacía más ilusión ver tu cara al abrir la bolsa que otra cosa. También me acuerdo que teníamos cuatro latas de Coca Cola con nuestro nombre y que no sé por qué razón, se fueron a la basura, pero ya no hay remedio peque.

Hoy hace un día de piscina y nos pondremos a nadar en un rato. Para aprovechar lo poco que va quedando de verano en remojo, con tus amigos y con los míos.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero!

Las noches de pesadilla y los dulces días de emoción sobre dos ruedas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Me acabo de despertar un poco sobresaltada. Soñé contigo. La pesadilla tenía un final feliz, pero al despertar, me doy cuenta de que los sueños son solo eso. La realidad es otra.

Pero no vamos a entrar en más detalles. He dormido regular solo. Hace mucho calor y me despierto sudando. Con lo que yo era. Recuerdo que me decías cuando amanecía a las 11: “Patricia, que ya están puestas las calles”. Y yo me daba la vuelta y me volvía a sobar otro rato”.

Ahora trasnocho bastante y amanezco temprano. Las costumbres cambian, como todo en esta vida.

Recuerdo que de pequeña y de adolescente tenía algunas preocupaciones, pero los años pasan y la responsabilidad aumenta.

Y el tiempo, el maldito tiempo, me tiene obsesionada. Siento que se me escapa de las manos. Los días se me hacen muy largos y las noches, en soledad, parece que nunca se acaban.

No hay mañana que me despierte que no piense en tu desayuno. Ese maravilloso tazón de Cola Cao con bizcochos, que te sabía a gloria directamente.

Menos el día que te iba a buscar churros. Solías protestar bastante, pero al final te los comías. Y tan ricos que te sabía. Sin duda, la que más los disfrutaba era mamá, que se los dejaba al lado de la cama y entre vuelta y vuelta, se zampaba uno.

Qué cosa tan simple, tan económica y que genera tanta felicidad. ¿Verdad?

Hoy es viernes de motos, de emoción, de adrenalina, de disfrutar de las carreras, de preparar un buen Aperol y un poco de pasta o pizza y disfrutar a tope del momento.

Y, como no, me faltan tus regañinas cuando iba gritaba si pasaba algo en la pista. Menudas discusiones tan absurdas teníamos, Pero al final siempre acabábamos con un abrazo y una celebración por la vida.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️

Nuestros atardeceres chiclaneros a la orilla del mar


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. No veas la tormenta que cayó anoche. Había unos relámpagos. Y yo sin paraguas. Pero por lo menos me refresqué la cabeza, que no es poco.

Haciendo memoria. Y mucha. Recuerdo que un 26 de agosto (el año ya es más complicado de recordar), me llevaste a ver a Emilio Oliva a Peñaranda. Otro de mis deseos cumplidos.

Y ahí, todavía más, creció mi debilidad por Cádiz, sus pueblos y sus playas. Algo que echo de menos desde que me levanto. El suave ruido de las olas, el olor a sal, las ricas tortillitas de camarón.

Igualito que despertar con una obreros dando golpes en el edificio de enfrente.

Aunque ya hace muchos años que dejé de escribir de toros, me siguen llamando mucho la atención las plazas de toros.

Incluso cuando bajo al garaje, me quedo fijada en los carteles que hay allí. Hay ciertos momentos de la infancia o de la adolescencia que no se olvidan, pero de momento es lo que toca. Recrearse la vista con puestas de sol maravillosas y con la esperanza de que pronto (sin fecha prevista), retornaré a ese paraíso de luz y relax total.

Donde tantos y buenos momentos vivimos juntos. Una noche de esas un poco absurdas, nos pusimos en un ordenador para ver un juego un tanto ridículo en el que, en teoría, lógicamente, te ponía la fecha de tu muerte. Un tanto sarcástica. La mía la recuerdo perfectamente, pero no creo en ella. Una anécdota más de nuestras incontables historias de la vida. Esa que va transcurriendo a pasos agigantados.

Así que corto y me voy a disfrutar del día. Bueno, pituco, te dejo por hoy. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa!. ¡Os quiero! ❤️

Es complicado olvidar.

Zacarías González, el genio de la pintura que iba al cine el día del espectador


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Disfrutando de otro precioso amanecer desde la terraza, que para eso está.

Ayer mirando por el salón, topé con el libro de la exposición de Zacarías González. Tu amigo y un maestro de la pintura.

Tras su marcha, se abrió su casa museo para que el público pudiera contemplar su obra. Nosotros, por fortuna, y gracias a su amabilidad, pudimos verla antes.

Te sorprendió especialmente un ‘Lazarillo de Tormes’ manuscrito.y con dibujos hechos por él. Tuviste la fortuna de poder tenerlo entre tus manos.

Sé a ciencia cierta que si te hubiera dado la mínima opción de comprarlo, ahora estaría en una de tus estanterías, pero no fue así y no había que darle más vueltas.

Zaca era un señor de gesto dulce y tierno. Muy amable. Con unas manos prodigiosas. Y lo que más llamaba la atención, es que se iba al cine el día del espectador.

Cuando estamos hablando de uno de los artistas más cotizados de siempre. Son decisiones personales. Eligió ese estilo de vida y fue muy acertado.

Admiración mutua de ambos. De maestro de las plumas a maestro de las letras. ¡Qué grandes los dos! ¡Qué honor poder conocerle! A él y a otros grandes de la cultura salmantina. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️

Los sustos para infartar por tus despistes y los preciosos regalos de la naturaleza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Esta foto es de ayer por la noche. Otro regalo de la naturaleza. Un maravilloso atardecer en la sierra. El sol se estaba ocultando y, una vez más, me faltó el rayo verde. Ese que dicen que anuncia el final del día y que es tan complicado de observar desde cualquier lugar. Si acaso en el mar. Precioso, de cualquiera de las maneras. ¿Verdad?

Anoche, hablando de todo un poco. Y no me digas por qué salió el tema de los hospitales, me acordé de que los dos siempre fuimos un poco despistados. Una de las veces que bajamos a Urgencias para ver a tu hermano Enrique, te fuiste a buscar el aseo.

Y no hace falta que te diga lo que te pasó. Tardabas en venir y, lógicamente, al ver que no volvías, me adentré en ese laberinto de pasillos que es la zona de radioterapia del Clínico.

No había manera de encontrarte. Al final, preguntando, como siempre, y con el susto metido en el cuerpo, pregunté a una celadora. Le di tu descripción (por aquella época ya ibas con tu bastón) y ,tras un buen rato de incertidumbre, apareciste por uno de los ascensores. Sonriente, como siempre. No sé te ocurrió otra cosa que ir al baño y no fijarte en la ruta que habías iniciado.

Cuando nos reencontrarnos, a eso de las dos de la mañana, te di un fuerte abrazo. Aunque, lógicamente, te eché una buena bronca por la angustia de esos minutos sin dar señales de vida.

Al final todo quedó en eso. Un susto de los buenos. Para celebrar el reencuentro, nos fuimos a tomar unos pinchos y unas copitas al Elfos.

Supongo que llegaríamos a casa sobre las dos o las tres de la mañana. Mamá estaba con su radio. O medio dormida ya. Cuando le contamos lo sucedido, no sabía que pensar. Pobriña. Entre las dos la matamos a disgustos. Lo único bueno fue que llegamos sanos y salvos a casa.

Aventuras para contar nunca faltan. Unas más entretenidas o curiosas que otras. Ya sabes que depende de la inspiración con la que me despierte ese día. ¡Bueno, pituco. Te dejo por hoy! Disfruta de esa fantástica imagen, que supongo que podrás ver en algún lugar privilegiado allá donde estés. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las noches de pizza, carreras de motos y vídeos de risa en Instagram


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Preparada para disfrutar de otro día de calorcito. ¡Qué felicidad!

Hoy hace 20 meses ya que mi princesa se fue para siempre. Casi nada. Y parece que fue ayer.

Desde que me despierto la echo de menos. Igual que a ti. Nunca parábamos en ningún lado. Llevábamos un ritmo frenético desde bien temprano. No había opción para el aburrimiento.

Cuando ya oscurece, lo que más echo de menos es tumbarme en su cama para contarle mis aventuras diarias, que no eran pocas.

Recuerdo con especial ternura las noches juntas viendo carreras de motos o de F1 con una pizza recién horneada y una copita de cava. Y también cuando me pedía que le pusiera los divertidos vídeos de Instagram.

Nos podíamos pasar horas. Hasta las dos mínimo. Recuerdo que de su boca salía una gran sonrisa.

Lo que nos podíamos divertir juntas las dos, aunque luego, como siempre, tuviéramos nuestras diferencias. Lo normal. El roce hace el cariño.

Desde que me despierto, temprano,y miro hacia vuestra habitación, me parece increíble que ya no estéis ninguno de los dos. Aunque sea una realidad asumida.

Al final me quedo con las cosas buenas. Con todos esos momentos inolvidables que pasamos juntos y que nadie podrá sacar de mi cabeza. Fueron tantos y tan buenos.

Pues nada, pituco. Solo espero que estéis bien y juntos. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El gran regalo astrológico en forma de ‘superluna azul’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo madrugando bastante, como verás. Me gustan las mañanas de domingo. Y más después de la sorpresa que nos tenía guardada la noche de ayer.

Me asomé a la ventana. Y vi una luna llena enorme. Que brillaba con fuerza en el cielo y acompañaba al lucero del alba.

Al entrar, como suelo hacer siempre, miré en las redes sociales las últimas noticias. Y sí. Había una explicación para tan magno acontecimiento astrológico. Era la superluna azul.

Lo mejor es que en ningún momento cambió de color, como decía la noticia. Simplemente es uno de esos momentos únicos que te regala la vida para que queden plasmados en la retina.

Uno más de los muchos que vivimos juntos. En ocasiones solo nosotros dos y alguna con mamá.

Esas noches de fiesta, solían terminar con una gran churrada en la terraza. Qué magia tienen estas noches de verano. ¿Verdad? Qué afortunada de haber tenido la oportunidad de tener tantas a tu lado, escuchando buena música o simplemente abrazados. Ahora mismo suena una campana. Son las ocho. Hora de levantarse y ponerse a hacer cosas.

¡Bueno, pituco, te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️