Las cálidas noches estivales al son de la tuna y de sus ‘Clavelitos’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Disfrutando de un nuevo amanecer, que es un auténtico privilegio para los sentidos.

Anoche, antes de volver a casa, pasé por la Plaza Mayor. Para mi sorpresa estaba allí la tuna universitaria de Salamanca. Y sí, aunque no te lo creas estaban cantando ‘Clavelitos’. Creo que la favorita de mamá.

Derrochaban alegría y felicidad. Y un corro grande de gente les rodeaba con sus cámaras de fotos para inmortalizar el momento. No me imagino un plan mejor para una calurosa noche de lunes.

Y como es lógico me vino a la cabeza aquel 8 de julio en que subieron hasta la terraza para rondar a mi princesa.

Ahora mismo los estoy viendo en la esquina de la calle Bientocadas con su capa de cintas y sus instrumentos musicales.

Tú eras mi cómplice. A mamá la tuvimos entretenida hasta que llegó la hora de la sorpresa.

Le dijimos que se asomara un momento a la calle. Y se quedó extrañada de ver allí a los tunos, que tantas y tantas veces bajaba a escuchar a una terraza mientras se tomaba un café.

Lógicamente pensó que venían a rondar a alguna bella muchacha de la zona. Pero no. Venían a rondarla a ella, la mujer más bonita que he conocido por dentro y por fuera.

Con sus virtudes y sus defectos. Con esa tímida sonrisa que esbozaba de su pequeña boca.

Cuando los vio subir hasta el ático, una lágrima brotó de sus ojos. Esas canciones le traían muy buenos recuerdos de su vida.

Primero estaba cortada, pero una vez que se integró en la fiesta, no paraba de cantar y de reír.

No creo que haya un momento más hermoso y un regalo más bonito para la persona que te dio la vida.

La felicidad, peque. La felicidad que esa noche llenó nuestra casa de música, fiesta y una sencilla y deliciosa cena para más de 20 personas.

Algo poco improbable ahora. Si bien es cierto que seguidores no les faltan. Allí, en ese grupo, había una ausencia irreparable.

Al final me quedo con su música. Con ese pequeño baile que hice en la Plaza Mayor y con la lágrima que también brotó de mis ojos en cuanto empezaron a sonar las primeras notas de esa canción. Y luego un poco de ‘Siempre así’, que le dan el toque alegre.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Santa Ana y mis primeros pasos en el periodismo taurino


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Madrugando mucho en esta jornada de Santa Ana, patrona de Candelario.

Recuerdo que cuando empecé mi carrera de periodista, allá por 1994, nos fuimos los tres hasta allí a cubrir la información de una novillada.

No sé si fue la segunda o la tercera crónica que escribía. Y allí, en la terraza de la entrada de la villa estaba nuestro amigo Alfonso Hortal, ‘don Lance’, maestro de las letras, plácidamente sentado, tomando un cafetito, esperando a que llegara la hora para que diera inicio el festejo. Yo iba nerviosa, con vosotros dos dándome ánimos para que me saliera bien la crónica.

Lo normal. Era una estudiante de segundo de periodismo que necesitaba apoyo y ánimo.

‘Don Lance’ era sabio. Lo estoy viendo sentado en la terraza del bar. Con su aspecto serio, su bastón y su amabilidad.

Lo tenía casi todo. Buena pluma, buen talante y excepcional carácter.

Al final llegué a La Gaceta y conseguí hacer mi crítica. Al final, por la dureza de mis escritos, me terminaron llamando ‘La Navalona’ un nombre que me ponía bastante nerviosa de hecho. No me gustaba nada.

Prefería oírte decir truchilla. Mi frase favorita. Nunca encontraste ninguna manera mejor de llamarme. Además, solo tú, tenías ese privilegio, porque mamá me solía llamar Patri, a secas.

En fin, peque. Te dejo por hoy. Eso sí, enviando mis felicitaciones a todas las Ana. Bueno, pituco. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️