Los ricos hornacitos que preparaba para compartir en la piscina de Tejares


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy sí es día 20. Disculpa porque estos días puse la fecha errónea, pero rectificar es de sabios y de necios perserverar en el error.

¿Has visto los gemelos que preparé hace no sé cuántos años? ¿Deliciosos verdad?

Por algo me concediste el privilegio de `Hornacera mayor del reino’, un papel que aún sigue colgado en el espejo de mi habitación.

No recuerdo ya el tiempo que hace que no preparo uno, pero llevo con antojo desde hace meses. Cualquier día de estos me animaré. Lo que pasa que con tanto calor, como que no.

Antaño, cuando estábamos en época de normalidad, lo solía hacer con frecuencia, pero tendré que esperar a que pase la época estival.

En la época en que lo llevaba a la piscina, era todo un éxito. Nos juntábamos en la cueva, ‘tú cueva’, con un buen vaso de vino o una Coca Cola.

Recuerdo una mañana que nuestro buen amigo Manolo, me convidó a una copichuela de buena mañana. Qué berza agarré de parte mañana. Me estuvo doliendo hasta bien entrada la tarde. Ni con el agua de la piscina se me pasó. Te veo riéndote en la orilla por tan magna ocurrencia.

Tenías tres o cuatro bañadores y un par de pantalones para cambiarte, además de unas cuantas camisas para cambiarte. Y te costaba. Siempre te tenía que preparar la ropa yo o mamá para salir a la calle. Con lo que me gusta a mí trastear por las tiendas… En eso no me parezco ni a ninguna de los dos.

Voy a empezar mi día para que me cunda lo más posible. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

La ‘princess’ era feliz en el escaparate de cualquier pastelería y tú en la de los libros. Cada uno, al final, hemos sacado nuestras manías. Muy respetables por cierto.

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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