Los hechizantes despertares en el fin de la tierra (el viaje pendiente)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy es martes y 13 ahora que lo pienso. Me acabo de levantar y no recuerdo si lo hice con el pie derecho o no. 13 y martes. Ni te cases ni te embarques.

Qué desastre recuerdo que siempre me contabas que habían sucedido un montón de cosas extrañas a tu alrededor. Desde un compañero que se le cayó una caja fuerte encima de las piernas a otras desgracias que no puedo contar ahora.

Mira qué imagen me acaban de enviar por WhatsApp unas amigas del gimnasio. ¿Te suena? Sí, papá. Es Finisterre. El fin del mundo. Uno de los lugares más hermosos del mundo.

Este amanecer tiene magia. La misma que cuando estuvimos tú y yo allí. Abrazados en lo alto del faro. Era un mes de abril. Una fecha cercana a mi cumpleaños. Plena Semana Santa. Amaneció un día radiante, de sol. Seguramente que ya lo conté alguna vez, pero hoy lo vuelvo a hacer porque me divierte la anécdota.

Con el calor que hacía arriba del monte, se me fundió la tarjeta del hotel en el bolsillo del abrigo. Siempre pienso que estoy sigo aquí por casualidad.

Supongo que el destino nos tiene guardado un nuevo viaje juntos hasta allí. No sé en qué momento se producirá, pero estoy segura de que volveremos. A fundirnos en otro abrazo, virtual. A decirnos hasta pronto. A ver ese paisaje único que es el fin del mundo. El mar, infinito, azul, mágico. Y siempre pienso lo mismo. ¿Cómo se pudo crear algo tan maravilloso? Pues no lo sé, realmente. Es un enigma, inexplicable. Como la vida misma.

Como cada segundo que pasa. También recuerdo que hace ya mucho tiempo, en Fuengirola, me dijiste, incauta yo, que cada instante era único y que ya no iba a volver. Y yo pensaba, ingenua, como se es a los 9 o 10 años, que todo era eterno. Hasta que un día la vida te da un golpe del que te deja sin palabras, sin aliento, sin nada. Te vacía el corazón y te lo congela.

Y ese día empieza poco a poco a desmonorarse el mundo de color de rosa que con tanto amor construiste para que fuéramos las más felices del mundo.

En fin. Una historia un poco triste, pero real como que ahora estoy aquí, escribiendo un nuevo capítulo de este diario tan personal.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Que voy a empezar mi jornada. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️