El santo de mi princesa y las trastadas de cuando éramos unos niños


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es Santa Isabel, el santo de mamá. Un bonito día que habrá que celebrar de alguna manera especial.

Antes, cuando estábamos los tres, solías sorprenderla con unos pastelillos que tú solo te bajabas a buscar al establecimiento que más te gustara.

Otras veces, sin más, nos llevabas a comer fuera para celebrar tan señalada fecha. Hoy era un día de fiesta en la familia.

Me veo en la cocina sentada esperando a que se levantara para darle un buen tirón de orejas. Lo que le podía gustar un buen dulce. Era locura lo que tenía por entrar en todas las tiendas de chuches de donde fuera.

No había una mujer más golosa que ella. Si no mal recuerdo, siempre se dejaba en la cama unas cuantas galgadas por si acaso le daba hambre.

En una de las ocasiones, llegaste tú con gesto bastante serio, y nos comentaste que ese día se había muerto Miguel Angel Egido. Nos conmovió bastante.

Habíamos jugado tantas veces de pequeños al futbolin o en El Grove a mil cosas. Qué aventuras. Siempre preparando alguna gorda para reírnos un rato.

Y también me acuerdo de Jaime, que siempre te pedía, peque, una moneda para los recreativos de la vuelta del hotel donde nos alejamos, pero bueno. Eso son historias del pasado para divertirnos un rato.

Hoy es mi segunda dosis de vacuna para combatir la pandemia. Así que voy a arreglarme y a ver como reacciona mi cuerpo con el último ‘rejonazo’, por el momento.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️