Los apasionantes días de ciclismo en la televisión y mis ídolos de toda la vida


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy ha amanecido un día precioso. Hace un poco de fresco, pero para ser julio, se agradece la temperatura un poco más baja.

Ayer estuve viendo un rato el Tour de Francia. Salió Bernard Hinault. El caimán. “Se va el caimán, se va el caimán, se va para la Barranquilla”. Esa era la canción que siempre cantabas cuando este campeón se ponía a bajar a tumba abierta los puertos de montaña. El Tourmalet, el Galivier… Todos. Le daba igual uno que el otro.

Ahora, recordando algunas anécdotas de hace muchos años, estando de vacaciones en Fuengirola, si no me falla la memoria, antes de ir a comer, Marta se puso a tender su bikini y se cayó la ventana.

Menudo susto que nos dimos. Por suerte solo se rompió el cristal y no hubo daños de gravedad. Tú, lógicamente, te cabreaste bastante. Mamá intentaba calmar un poco la tensión del ambiente. Al final todo quedó en una anécdota para reírnos un rato.

Y de esas hay tantas. Yo recuerdo que era muy fan de Bontempi. Los gritos que podía dar mientras disputaba un sprint. Tú me mirabas con cara de sorprendido y pensabas que estoy como una cabra. Y algo de razón llevabas.

Pero al final era lo que nos hacía felices. Esos pequeños momentos de diversión y de deporte. Mi princesa se tumbaba en la cama o en el sillón y dormía plácidamente la siesta hasta la hora de salir.

Este año, de los que nosotros seguíamos, ya quedan pocos. Cavendish y no sé si alguno más, pero bueno. Da lo mismo. Que gane el mejor. Que para eso están cinco o seis horas sobre la bicicleta para alcanzar la cima.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️