Historias de San Fermín, de Hemingway y de un viaje increíble


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo pensando anécdotas divertidas que contar aquí.

Ayer ya te dije que fue mi primer día de piscina. Se estaba a gusto, pero sigo teniendo una falta muy importante para mi. A pesar de todo me lo pasé bien chapoteando por el agua. Hacía muchísimo calor y se agradecía un soplo de aire fresco.

Allí estaban tus amigos. Felices y contentos. Aún se acuerdan de ti. Lógicamente. Ellos fueron quienes te devolvieron la sonrisa cuando tuviste aquel gran susto de salud, que al final se quedó en una anécdota para contar.

Todavía recuerdo el momento en que dijeron una palabra que da tanto miedo como respeto: cáncer.

Al final salió todo bien, papá. Llegabas a Tejares, te sentabas en la banqueta de enfrente de la piscina y llegaban ellos a contarte chistes y a mimarte un poco.

Lo que te podías reír con las ocurrencias de Avelino. Qué sentido del humor tan contagioso, porque siempre terminábamos riéndonos todos.

Estamos a tres días del chupinazo de Pamplona. Siempre recordaré la excursión que hice hasta allí. Fueron 3 dias y dos noches. En total, creo que dormí unas cuatro horas en total.

Ahora me viene a mi cabeza una imagen. Yo en el balcón de la calle Estafeta con mi atuendo propio de las fiestas, congelada de frío y con mi cámara de fotos en la mano para no perder mi un detalle de lo que sucedía en el recorrido de los astados.

Tú estabas en casa. Y yo, pesadita como pocos, me dedicaba a llamarte cada 2 minutos, más o menos.

Esa sensación de adrenalina no se puede describir. Uno de los sueños de mi vida hecho realidad. Como tantos otros. Y los que me quedan por cumplir.

Volviendo a la noche de autos. Nada más bajar del autobús que nos había trasladado hasta allí, fui a comprar mi fajín y mi pañuelo rojo y me perdí. Cosa bastante habitual en mí. Por fortuna, ese despiste me sirvió para vivir la aventura de una manera mucho mejor.

Inolvidable experiencia, culminada con una breve visita al hotel La Perla, el de don Ernesto Hemingway, otro de tus admirados y enormes literatos, que convirtió esa fiesta en universal.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️