Las divertidas jornadas de piscina y el reencuentro con los amigos de siempre


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. 2 de julio ya. Un precioso día de verano con una temperatura altísima. Es insoportable, de hecho, el calor que hace.

Quizás hoy sea el día bueno para inaugurar la temporada de piscina y disfrutar de un buen chapuzón en el agua.

Ya va siendo hora de recuperar las buenas costumbres de siempre. De hecho, en un par de meses las cerrarán ya.

Son tantos recuerdos y todos tan bonitos. El que más ‘gracia’ me hace, entre comillas, fue tu entrada triunfal cayéndote porque no viste un altillo y te estampanaste contra el suelo, pero menos mal que están tus amigos para recogerte. Madre mía. Las que liábamos los dos. Ente uno y el otro, las preparábamos pardas.

El año pasado me picó una avispa. Y como soy la dramas, me tuvieron que dar un poco de spray para evitar la hinchazón. Como comprenderás, no dejaba de mirarme el dedo para saber si aquello era grave o no. Un caso.

Al final, como a todo ser humano normal y corriente, se me inflamó un poco el dedo y ya está. El socorrista, amigo tuyo de toda la vida, me atendió perfectamente ante mi cara de susto por todo lo que pasa es mi vida.

Y tus amigos riéndose de hecho. Se lo pasaron bomba. Ellos son todos más tranquilos que yo. Y cuentan chistes, se ríen. Se lo pasan bomba, en definitiva. Lo que viene siendo vivir la vida tranquilamente. O vivir, algo tan sencillo como eso. Rodeado de su gente, de su familia y de sus amigos. No te digo que no vaya ser un día duro, pero hay que hacerlo papá. Hay que echarle valor a la vida y continuar hacia adelante de la mejor manera posible.

Con los dos en mi recuerdo. Todos los días. Desde que me levanto hasta que me acuesto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que toca disfrutar de un relajante baño. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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