Historias de bicicletas, de los sanfermines y de tu querido café ‘Derby’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Dando la bienvenida a julio ya. Más de medio año ha pasado. ¿Demasiado no?

Ya están corriendo el Tour de Francia. Y el martes ganó mi admirado Cavendish. Qué alegría tan inmensa volver a verle alzar los brazos después de tiempo sin ganar.

Lo que podíamos disfrutar viendo esa competición cada tarde de verano. Pienso que ya lo he dicho, pero mi momento favorito del día era la siesta. Esa sana costumbre que perdí y que ahora me horroriza, peque.

Fue un gran reto personal, que logró. Y le aplaudo y le admiro.

No sé si te das cuenta que ya en nada empiezan los ‘sanfermines’. En cinco días dan el chupinazo. Qué buenas esas mañanas de periódico, pañuelico al cuello y una caja de galletas ‘Pins’, de mermelada. Nos las compraba mamá y nos podíamos comer más de media caja en los 5 minutillos que duraba el encierro.

Fue un vicio el que pillamos que fue horroroso, realmente, pero estaban tan ricas. Los vivíamos con tanta intensidad, que hasta llegábamos a sufrir. Luego nos íbamos a la ‘piltra’, como tu llamabas a la camita. Y nos quedábamos allí hasta las 11. O más. En función de como nos diera el arrebato.

Ya llevo varios años sin ni tan siquiera poner la televisión. Ya no me gusta. Cuando realmente disfruté fue cuando estuve allí, que fue una experiencia maravillosa. Cuántas emociones contenidas en unos instantes. Con mi traje blanco impoluto y mi pañuelo atado al cuello. Y una máquina de fotos para inmortalizar cada momento.

En fin. Tantas cosas bonitas que vivimos juntos. Qué alegría volvértelas a contar.

Hablando un poco de todo. Anoche, buscando un bolígrafo para escribir, vi un pequeño tarro de mermelada del Derby. Y se me ocurrió mirar en Internet. Para mi sorpresa, lleva ya un año cerrado.

El día que llegaste fuiste directo allí a preguntar donde se sentaba don Ramón Maria del Valle Inclán. Como eras algo desconfiado, pensaste que el amable camarero te quería meter una bola. Y al rato preguntaste a otro.

Único y genial por suerte. Ay, papá. Lo que te echo de menos cada día. Igual que a mi princesa, la que me dio un poco de vida cuando te fuiste para siempre.

Mis amores. Cuidaros mucho. Y no olvidéis nunca que os quiero. Gracias por haber existido ❤️.