El día que me perdí por la playa de Torrevieja y otras travesuras de la niñez


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? En Salamanca todo tranquilo. Queda un día para despedir junio y dar la bienvenida a julio.

Un mes donde siempre, menos en los últimos años, nos solíamos ir de vacaciones a la playa cuatro semanas por lo menos.

Y aquello era la vida, papá. Aquello era vivir. No estar en Salamanca todo el verano.

Recuerdo en Torrevieja, que me perdí. Tenía yo cuatro años. Y estaba igual de despistada que siempre. Salí del agua y, en lugar de irme a la toalla, cogí la dirección contraria.

Creo que llevaba una pequeña braguita azul de bikini y correteaba feliz de un lado hacia el otro, con la alegría infinita de saber que siempre estabáis esperándome.

Me lo contabáis muchas veces. Y siempre pensaba lo mismo. He sido un despiste desde que nací. Tuve la gran fortuna de que me recogieron unos chicos, me pedirían algunos datos y, no me preguntes la forma, pero llegué. Supongo que de primeras me caería una buena regañina. Y luego ya una llegarían los besos, los mimos y la celebración por tan feliz reencuentro.

Qué maravillosos tiempos que, por desgracia, ya no volverán, pero bueno. Siempre es una fortuna poder contarlo a través de estss breves líneas.

Hoy toca día de rutina. De esos en los que la rutina y el tedio volverán a ser los que dominen este día en el que la gente sigue disfrutando en las terrazas, restaurantes y tiendas de Salamanca. Qué aburrimiento. Con lo bien que lo pasábamos los tres.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️