Santa Teresa, los peces de Alba y las tentaciones dulces de aquel lugar


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Ha amanecido una mañana espléndida de luz y sol. Uno de esos amaneceres que invitan a pasar un día relajado. Cargar un poco la batería y coger colorcito en la piel.

Ayer, que era el primer día sin mascarilla, aunque la sigo llevando, aproveché para salir un rato de la rutina diaria, emprendí un corto, pero gratificante viaje a Alba de Tormes.

Allí estuve un rato con Santa Teresa de Jesús, patrona de los escritores. Siempre me gusta volver a los lugares donde fuimos felices los tres.

Era un poco tarde. Habían pasado las cuatro. El sol apretaba con fuerza y miré hacia el bar donde solíamos ir a comer peces. Ya sabes que los aborrecía. Siempre me han dado un poco de repelús estos animalitos acuáticos.

La gente paseaba en las barquitas de agua. Disfrutando de la vida. Cada uno a su manera, aunque no te creas que es un mal deporte.

Después de que tú te marcharas, todavía fui con mamá en más de una ocasión. Ya sabes que le pirraban los dulces. Se podía comer una caja de una sentada y se quedaba tan tranquila.

El destino quiso que fuera allí, en la villa ducal, donde tantas ratos buenos pasaste, con una copita de vino y un buen plato de peces, donde te dimos el último adiós. Recuerdo que en mi móvil te puse una canción del Orfeón Donostiarra. ‘Maite’.

Supongo que todos tenemos una canción que nos marca en algún momento de nuestra vida. Y esa a ti te impactó desde la primera vez que la escuchaste. Tuviste la fortuna de verlos en directo en una noche de estrellas en la plaza de Deba. Estabas muy emocionado.

De hecho, según me contaste alguna vez, en tus tiempos mozos, una desconocida, que decía llamarse así, aunque jamás supiste si era su nombre real, te escribió una carta de amor. Seguro que todavía está por ahí. Siempre que la leías, sonreías, porque eras un papá guapísimo. De siempre. Con unos ojos cautivadores.

Mamá siempre me decía que cuando te conoció llevabas una boina o un sombrero. Y lo primero que pensó es que eras un cateto. Supongo que cuando te mirara a los ojos, se quedaría embelesada. A mí también me pasaba.

Nada, peque. Es domingo de motos. Así que vamos a empezar la jornada a todo gas. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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