El señor del sombrero en la parada del bus y otras historias para reír sin parar


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Es sábado de motos. 26 de junio ya. Víspera de el aniversario de vuestra boda.

Haría 49 años de aquel enlace en el que mamá estaba radiante. Lo que hubiera dado por ver vuestras bodas de oro. Supongo que hubieran sido maravillosas.

Ese día almorzamos rico rico en Casa Conrado. Recuerdo perfectamente la tarta que os encargué.

Era de tres pisos. Maravillosa. Aún veo la cara de felicidad que teníais. Fue una fiesta muy divertida. Y el menú de rechupete.

Esa mañana, en una de mis muchas locuras, me hice un alisado japonés. Y pensé: ¡Qué dolor¡ Luego el resultado fue perfecto. Me dejaron el pelo impecable. Como a mí me gusta tenerlo.

Llevaba un traje precioso y pensé: Me queda perfecto. Y así era. Me quedaba perfecto.

Estaba feliz por poder compartir con vosotros ese momento de felicidad. Pero el destino es caprichoso y quiso que no llegaráis ni a los 47.

Hoy, mirando por la ventana, me acordé del señor del sombrero. Ese que pasaba todas las mañanas por la puerta de Zamora. Era muy típico, porque jamás se desprendía de él.

En tu curiosidad infinita por saberlo todo, le preguntastes el nombre y a donde iba todas las mañanas. El señor, muy amable, todo lo contrario a mí, por cierto, te comentó que iba a un centro de mayores a jugar a las cartas.

Y pensar que tardaste no cuanto tiempo para una pregunta tan sencilla.

El señor se moría de la risa. Lógico y normal. Y tú también. Nos pasaron tantas cosas en esa parada de bus que es imposible olvidarlas. Todas tan divertidas.

Mañana será un día especial. Y habrá que celebrarlo de la manera mejor posible. Así que nada, pituco. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Od quiero! ❤️