‘Aquel cerezo rojo floreció’ y otras preciosas formas de vivir la vida


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Mira qué foto tan hermosa hice para ti. Es un cerezo en flor.

Nada más que lo vi, me vino a la cabeza mi primera crónica taurina. No. No fue la primera. Quizás la segunda o la tercera. En Huerta. Un pueblecito de la provincia de Salamanca.

Toreaban Juan Diego y el otro nombre no lo recuerdo. Por aquel entonces me apodaban ‘La Navalona’, porque solía tener bastante mano dura cuando escribía mis crónicas.

Como estaba empezando. Y tú tenías bastante más experiencia que yo, te pregunté que título le podíamos poner. Con tu habitual ingenio, me sugeriste un título que demasiado poco tenía que ver con el mundo de los toros. Y no sabes cómo te lo agradecí: “Aquel cerezo rosa floreció”.

Evocaba a una antigua canción. Nunca supe realmente lo que significaba, pero fue un auténtico éxito. Brotó la inspiración por alguna parte y salió una crónica que fue un auténtico bombazo. Recibí tantas enhorabuenas.

Los dos tan felices por el éxito de la crónica. Tú canturreabas la canción. Y yo sonreía feliz por tener mi compañía y yo la tuya.

Éramos el tandem perfecto, peque. Mi asesor literario, mi guía en los inicios como periodista, mi apoyo, mi pilar de vida, mi amor, mi todo.

Contigo recorrí media España viviendo la vida. Comiendo en los mejores restaurantes, brindando cada día por la felicidad.

Qué maravillosos años esos de rutas interminables en busca de un sueño. Ser la mejor periodista del país. Por circunstancias, al final no pudo ser, pero que nos quiten lo bailao.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️