Los piscineros unidos jamás fueron vencidos


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Espero que bien. Me he dado cuenta de que últimamente soy un poco reiterativa con lo que escribo en el blog. Y puede ser que sí. Nació como un espacio para contar anécdotas.

Voy a intentar recuperar esa buena costumbre. Mira la foto que he encontrado. Los piscineros vuelven al ataque. Los dos Manolo, Fidel y tú en la piscina. Con el brazo en alto. Saludando para la cámara. Y es que ellos te dieron la vida cuando más lo necesitabas.

Siempre estaban pendientes de ti. Y tú de ellos. Eráis un grupo inseparable y muy cómico.

En la imagen falta Avelino, que era experto en contar chistes malos. Tenía un repertorio de lo más amplio. Creo que sí me pongo a contar, no termino ni en la próxima vida.

A veces se desesperaba contigo, porque no cogías ni uno de los chistes a la primera. Siempre te los tenía que repetir. Y ya cuando lo ‘cogías’ te reías a carcajada. Y el resto contigo.

Tenías bastante facilidad para desesperar a cualquiera por lo lento que eras para algunas cosas. Te gustaba sonreír, pero te costaba. Una vez que arrancabas, eras capaz de contagiar al resto del grupo. Avelino siempre te decía: “Joder, Nacho, todavía no lo has cogido”.

Tú alegabas que no oías bien. Y era cierto. Naciste con una deformidad en el oído, que no tenía una operación muy factible, pero que tampoco te pasaba nada por eso. Si había que hablarte un poco más alto, por fortuna, era el único problema que tenías en ese momento.

Te veo sentado en la tumbona de la piscina. Con el bolsito que te regalé en tu último santo. Me hacía gracia que lo único que no te podía faltar era tu salero y tu navaja para partir uno de los tomates gigantes que te iba a comprar a la frutería del mercado de San Juan.

Tampoco tu cervecita de media mañana. Llegando la hora del mediodía, o en un bar o en casa, te la abrías y la saboreabas con una tranquilidad. Vivías la vida al momento. Sin preocuparte más que lo justo por el futuro.

Yo pensaba lo contrario. Que iba a ser de mi futuro sin ti y sin mamá. Hoy, por desgracia, ya llevo tres años sin uno y casi dos sin el otro. Intentando alzar el vuelo, como sea, pero volar. Muy alto, con un destino elegido desde hace mucho tiempo. Y, como siempre te digo, vivir, que es una tarea bastante compleja, pero no imposible.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️