Las deliciosas mañanas de brioches recién hechos y sonrisas eternas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Sin grandes novedades que contarte. Es mañana de motos. Domingo. Caluroso y pesado de junio, pero hay unas hermosas vistas desde la terraza.

Anoche estuve con unos amigos charlando sobre nuestros recuerdos en el banco de la puerta de casa. Allí pasó mis mejores ratos, la verdad.

Me fluyen todos los buenos momentos que pasamos allí. Cuando empecé a escribir esto eran las 11:11, la hora a la que tú te levantabas siempre. Nunca supe la razón por la que te gustaba tanto esa hora. Y yo te ponía el desayuno. Qué maravillosos años.

Ahora te diría que casi me cuesta ponérmelo a mí misma. Antes preparaba esas deliciosas brioches calentitas, tiernas, dulces, esponjosas.

Y siempre pienso lo mismo. Debería de volver a la cocina pero me cuesta bastante.

Poco a poco. Ya sabes que al final el tiempo todo lo cura. El tiempo, los recuerdos, los buenos y los malos.

Ahora, en función de los días, mi ánimo sube hasta las nubes o baja hasta los infiernos. Sabes perfectamente de lo que te hablo. ¿No? Por suerte saqué tu carácter. A veces un poco tosco, pero soy así, peque.

Ahora sigo con mis motos. Esperando que el domingo se haga lo más ameno posible. ¡Bueno, pituco, te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

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