El día de la Primera Comunión y mi paseo en brazos sobre el barro


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es 29 de mayo. Si no me fallan las cuentas, mañana (no creo que fuera el 31) hace 37 años que tomé la Primera Comunión.

Una tontería como otra cualquiera. Supongo que sería por el vestido que me compraste en Ecke para que me hiciera sentir como una princesa.

Y así fue, peque. Fue un día precioso. Con mi vestido largo, vaporoso, cuidado al mínimo detalle. Siempre buscaste lo mejor para mí.

Aún recuerdo el momento en que llegamos al colegio y estaba todo embarrado. Me cogiste en brazos y me atravesaste el camino conmigo en brazos. Mi héroe, definitivamente.

Y no sabes como te agradezco todo ese tiempo en que no me faltó de nada. Cada día era una aventura diferente. Desde que nos levantábamos hasta que nos acostábamos siempre estábamos pensando en cuál sería nuestra siguiente trastada.

No parábamos en casa nada más que lo justito. Todo era tan divertido. Igual que ahora.

La casa está vacía desde que os fuistéis. Queda vuestra esencia, vuestras fotos y todos los buenos recuerdos que tengo en mi cabeza hoy y siempre.

Hay una pieza del puzzle de vuestra vida que no me encaja. Y eso es lo peor, porque no me deja vivir tranquila.

Le doy vueltas constantemente, a sabiendas de que ya no hay solución. Suenan las sirenas de la ambulancia. Mi cuerpo se estremece. Lo hace cada vez que lo oigo. Supongo que es normal, aunque ya ha pasado un poco de tiempo, me sigue asustando ese ruido.

Hoy te dejo con un retrato a lápiz que desconozco quien te lo pintó, pero estás como yo. Serio, muy serio y con un aspecto increíble. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️