Tus cuadros favoritos y el gato que a punto estuvo de ser mi mascota


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Empezando una nueva semana de mayo. Lunes. Un día perfecto para iniciar nuevos proyectos.

Y, como no, para escribirte contándote mis cosas y recordando las tuyas.

Este cuadro, que lleva colgado en la pared de casa ni se sabe cuántos años, es de un funeral. Creo, si no mal recuerdo, que lo pintó un conocido tuyo de la Caja.

En el féretro aparece la bandera republicana. No sé por qué siempre te gustaron esos colores. Lo mismo te daba ponerla en un cuadro que pintártela en la mano. Era yo quien te lo hacía normalmente.

Con mucha paciencia, cogía tres esmaltes de colores y te las pintaba yo misma. Más que nada por lo que te gustaba luego enseñarlas a tus amigos.

Así que mejor contar otras cosas que sean más ocurrentes como nuestro viaje a Tanger, donde nos quisieron vender un gato. ¡Madre mía! Qué risa nos pasamos cuando aquel hombre, que me vio nerviosa, lo cogió al vuelo y te lo acercó que me lo comprastres,

En aquel momento me lo hubiera traído. Era gris, pequeño y con bastante caracte mala leche.

Lógico también. Estaba en su hábitat natural y alguien intentó sacarlo de allí. ¡Pobre! El que iba a dar un plácido paseo…

Al final vinimos con un fez y no sé cuantas cosas más. La mayoría imposible de utilizar luego. Por lo menos, como me dijiste aquella noche, tuviste la oportunidad de conocer otro continente.

El viaje de vuelta lo pasaste arriba, en la cubierta del barco, contemplando el inigualable espectáculo de ver los estrellas desde un barco en alta mar.

Uno de tus sueños que te dio tiempo a cumplir. Y yo que me alegro tanto, peque.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es hora de levantarse y hacer cosas ya. Así que nada. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️