San Isidro y los deseos que la cigüeña me dejó por cumplir


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es 15 de mayo. Festividad de San Isidro, patrón de los labradores y patrón de Madrid.

Cuántas tardes divertidas pasamos allí. ¿Verdad? En los toros, de fiesta, de comiditas ricas, de diversión total.

Tengo muchas imágenes grabadas en mi cabeza, papá. Muchísimas. No te imaginas cuántas. Y todas son felices a tu lado. El hombre más ingenioso que jamás conocí, el mejor padre del mundo. Mi confidente, mi amigo, el que me aguantaba y me consentía todo, el que me hacía reír y a veces llorar,

Contigo todo era posible, papá. Ahora no. Ser feliz me está costando mucho, peque. Fíjate que ha pasado tiempo ya. Y lo único que pienso es que jamás me quitaste un capricho con tal de verme sonreír.

Siempre, cada día, miro al cielo. Espero que esas cigüeñas que sobrevuelan la ciudad, me abran la puerta de la felicidad que ahora no encuentro, pero me doy cuenta que es imposible, que todo lo que me gusta, me va a costar mucho tiempo hacerlo. Y eso consume mi paciencia.

Cada mañana cuando me despierto, pienso lo mismo. Y cada noche cuando me acuesto, sigo pensando igual, pero da igual. Sé que tú eres el único que me entiendes, porque fuiste el único que me dejó ser como era: feliz.

Una palabra tan simple y tan hermosa. Así que nada. Tendré que seguir buscando cigüeñas para ver si alguna me concede todos mis deseos.

Que vuelvas ya sé que es imposible, pero que pueda hacer todo lo que hacía antes contigo, ni le pongo fecha.

Ahora también tengo motos, peque. Echaré de menos tus voces si pasa algo, que espero que no.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Échate un baile con mi madre y disfrutar del día a ritmo de chotis, bien agarraditos. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️