Los días sin sol que envilecen el mes de las flores


Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es 14 de mayo. Hoy es día de motos. ¡Madre mía!

Hace 12 años, a estas horas, estaba yo en Madrid. Me estoy viendo perfectamente. Estaba flaca con un pantalón de flores y una camiseta roja y un cinturón de flores rojas.

Habíamos desayuno en el Rodilla. Y yo caminaba feliz por Madrid. Iba esperando un momento que yo creía que era especial.

Luego no fue para tanto. Al final acabé, como siempre, cansada de todo, pero bueno. No pasa nada. Disfruté tanto. Me parece mentira que hayan pasado ya doce años. Al final, el tiempo pasa mucho más rápido de lo que parece.

Hoy sonrío. Sin más. Me cuesta pero lo hago. No tengo ninguna foto de ese día. Hace ya bastante tiempo que no me fotografío. No me gusta mi cara. No me siento ni guapa ni fea.

Por aquel entonces pisaba segura allá por donde iba. Si no me falla la memoria, tenía unas sandalias rojas maravillosas que me hicieron una ampolla en el pie. ¡Qué dolor!

Me compré unas tiritas en una pequeña tienda de Madrid. Y tú aquí, esperando a que llegara y te contara un poco de todo lo que había hecho.

Que no eran pocas cosas, la verdad. Siempre tenía mil y una de buenas y malas ideas en la cabeza. En fin. Tantas aventuras y tan divertidas, que ahora daría lo que fuera porque volvieran, pero toca adaptarse a lo que hay.

Ahora se me empieza a antojar una pizza, como siempre, pero no. No la voy a pedir. Es una bomba de calorías, que ahora mismo no me convienen. O al menos eso creo.

Comidas aparte. Ha amanecido una mañana un poco tristona, pero bueno. Ya vendrán los días de luz y sol. De momento te dejo una imagen de esta mañana tan lánguida con la que nos ha regalado este viernes de mediados de mayo.

Bueno pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️