Los abrazos en la plaza de Alba de Tormes y el todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Y tú? Hoy ha amanecido otro día tristón. Gris, como tus ojos.

Con un halo de tristeza, como los míos, que rezuman nostalgia. Añoranza de todo aquello que hice a vuestro lado y que ahora no puedo hacer.

¿Dónde quedó aquella mujer sonriente y feliz? Yo pienso que se fue aquel maldito 15 de diciembre, cuando tu luz se apagó para siempre.

Y un año después la de mamá. Tengo en mi cuarto puesta una de mis fotos favoritas. La de los dos en Alba de Tormes cogidos por encima del hombro.

Qué imagen tan perfecta. ¿Quién decía esa frase de: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar? Pasar abriendo caminos…

Si no mal me equivoco, fue San Antonio Machado. Y digo san porque era como tú te dirigías a uno de tus grandes admirados.

Y aquí estamos. Viendo pasar la vida. Día tras día. Viendo como el reloj no cesa de descontar segundos.

Es agonizante la situación, pero bueno. No pasa nada. El tiempo, que no para, peque. El ruido del reloj me produce bastante angustia, la verdad. Pero como es imposible, lo mejor es salir a pasear un rato por la calle y disfrutar de la ciudad.

Y a ello voy. Me queda un largo paseo por Salamanca para recorrer sus calles. No sé si encaminaré mis pasos hacia el Huerto de Calisto y Melibea, la Catedral…

Aún quedan unas cuantas horas para el retorno a casa y habrá que aprovecharlas lo mejor posible.

Y brindar, cada día, por seguir vivos, que no es poco. Con una copita de cava o un vermut. O mejor un cóctel. Aunque con este día, lo mejor es pasar es una buena infusión a estas horas de la mañana para relajarse y empezar el día con energía y ganas.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️