Los deliciosos despertares bajo la sombra de la Plaza Mayor


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Sin novedades. Ha amanecido un estupendo día casi de verano. Hoy es la Cruz de Mayo.

Si mi memoria no me falla, hace unos cuantos años que falleció Juan Antonio. Es ese momento en que piensas que la familia es indivisible, pero no. Ahí comenzó el principio del fin.

O la cruda realidad, que es ir viendo como se desmorona tu mundo poco a poco y cada vez te faltan más personas a las que quieres.

Es una sensación un poco extraña. No sé cómo explicarte, aunque tampoco creo que te haga falta. Sabes de sobra lo que te digo.

No veas como brilla el sol. Amaneció como para llover, pero ahora se ha puesto una mañana casi estival. Da gusto salir a la calle y oír a los pajaritos cantar y a las cigüeñas sobrevolar el cielo.

Ya sabes que pienso que eres tú mirándome desde arriba, que me observas si voy bien o si me he despertado un poco triste.

Pues también hasta eso lo voy rotando. Lógicamente, unas veces vas más animada y otras menos, pero bueno. No pasa nada. Vendrán tiempos mejores. Seguro, peque.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo sesión de boxeo y hay que descargar adrenalina. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️