Los maravillosos días de comiditas y turismo con mamá


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Sin muchas novedades que contarte. Hace un día horroroso de tiempo horrible.

He rescatado una foto de hace un par de años. Fue nuestro primer Lunes de Aguas sin ti. Mamá quiso que lo celebraramos fuera y al final nos fuimos a celebrarlo a Valladolid.

Fue un día distinto. Ni más bonito ni más feo. Simplemente distinto. Mi princesa quiso que no resultara demasiado cómplicado ese primer día de hornazo cuando tú ya no estabas.

Al final logró sacarme una sonrisa, que no fue poco. Y ahí estamos las dos. Mamá feliz porque comió de lujo y yo también porque podía abrazarla.

La cantidad de cosas que hicimos ese día. Un montón. Dentro de lo que teníamos, lo logramos pasar bien. Así que nada. Un día para recordar con cariño y con amor.

Con todo el amor que pusimos en ese viaje. Corto, pero intenso. Quizás demasiado breve.

Hoy me doy cuenta de que hacía mucho tiempo que te pedía solo una cosa. Y al final te costó, pero lo hiciste. Gracias, papá. No recuerdo como era la frase. ¡Ah, sí! Con la venda de mis ojos me hice una cinta en el pelo. Hoy estoy más guapa y menos ciega.

La verdad es que ni una cosa ni la otra. Veo igual. Solo ha cambiado el enfoque. Y guapa… Hace ya mucho tiempo que no estoy guapa. Pero tampoco me preocupa mucho eso ahora, papá.

Hoy tengo una cantidad de sentimientos cruzados que no son fáciles de asimilar por mi cerebro, que ya de por sí estaba algo ‘despistado’.

Bueno, pituco. Te dejo por. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️