Los maravillosos Días del Libro en la Plaza Mayor con rosas y un buen vino


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. ¡Feliz día del libro! Hoy te imagino desde donde estés observando cada uno de los puestos que este año se instalarán en las puertas de las librerías.

Será distinto, como todo, pero será, que es lo importante. Lo que podías tú cada 23 de abril. Te bajabas a la Plaza Mayor y te podías pasar allí las horas tranquilamente dando vueltas por el ágora. No solías comprar muchos. Un par de ellos y casi siempre a amigos de estos establecimientos.

Hace 3 años bajé. Iba simplemente a dar una vuelta y me topé con una mujer que había instalado su propio puesto en la trasera de los ‘oficiales’.

Ya sé que te lo he contado, pero no me importa repetirlo. Me obsequió con un sencillo marca páginas con un mensaje de estos que te tocan el corazón. Sé que lo cogí con todas las fuerzas que me quedaban y una lágrima brotó de mis ojos.

Era la primera vez que iba sin mi acompañante favorito, pero siempre, por suerte o por desgracia, hay una primera vez para todo.

Hoy, si mi memoria no me falla, sería el cumpleaños de dos genios de las letras: Don Miguel de Cervantes y William Shakespeare (saquespeare, como dijo Unamuno antes de que un osado alumno le rectificara y realizara el resto de la clase en inglés).

Ahora bajaré un poco a ver los puestos. Y mañana te cuento, aunque pienso que no tendrá mucho que ver con lo de hace dos años.

Es fiesta, pituco. La ciudad a estas horas duerme o descansa. Y yo ya llevo en pie cerca de tres horas. Luchando contra dos imposibles : parar el tiempo o que los días duren lo más posible.

El colmo de lo absurdo. Soy consciente, pero bueno. No pasa nada. Soy así y ya nadie me va a cambiar. Cabezotas, testarudos y con mal genio. Seguimos teniendo muchas cosas en común.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es hora de dar un paseo. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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