Las tardes de botas de vino, toros, aplausos y risas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Recién levantada. Es 1 de abril ya. Nuestro mes. Ya llevamos consumidos tres meses del año. Y parece que fue ayer cuando daban las campanadas.

Qué rápido pasa todo. Parece mentira. ¿Verdad, peque? ¿Has visto la foto? Es una bota para beber vino.

La vi ayer cuando salí a pasear. Y se me vinieron mil historias a la cabeza. Aquellas tardes de toros en La Glorieta.

La solía llevar Miguel, el de Villavieja. Y con su habitual generosidad, te daba un trago para que te lo bebieras.

Tú lo aceptabas gustoso. Cogías la bota, ponías la boca ligeramente cerrada y, con una gran sonrisa en la boca, saboreabas el vino.

Luego llegaba la hora del cacho. Era un pequeño tentempié para amenizar la tarde. Un poquito de chorizo o embutido, un trozo de queso y un buen chusco de pan.

Creo que no había nada más delicioso para ti, peque. Siempre me asombraba la facilidad para manejar la bota. Creo que a mí se me hubiera caído encima. No sé por qué, pero siempre fui bastante patosa.

Fueron muchas tardes compartiendo asiento, codo con codo. Miradas cómplices cruzadas, aplausos, sustos. No sé, papá. Muchos momentos maravillosos, la verdad.

Estoy haciendo memoria. Y si no me falla, la última vez que fuimos juntos a ver un espectáculo taurino, fue para ver al ‘maestro’ Luis Francisco Esplá.

Teníamos una contrabarrera y allí nos sentamos los dos. Al final lo vimos muy cerca. Y en ese momento me di cuenta de que ya no me gustaba la crueldad de ver morir a un toro.

Desde entonces, creo que volví una vez, pero no más, porque me ponía muy nerviosa.

Lo mejor fue poder vivir ese momento contigo. La verdad. Ése y muchos más. Pero hoy me he acordado de ese.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy, que ando un poco más tardía de lo normal. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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