Los eternos atardeceres escuchando el mágico ruido de las olas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo en casa. Preparando el desayuno. Lo normal a estas horas después de disfrutar del amanecer desde la ventana.

Hoy he elegido una foto a la que yo misma puse el título de una canción de ‘Shakira’: “Cuando menos piensas sale el sol”.

Y así es. Muchas veces, cuando piensas que ya vas a tocar fondo, aparece un ángel o varios sacarte de ese bucle sin salida que unas personas son capaces de superar solos y ofros con un poco de ayuda extra.

He elegido una foto preciosa. Un anochecer en La Concha. El mar, siempre el mar para terminar las noches más hermosas de mi vida.

Ese ruido hechizante que nunca te cansarías de escuchar. Normalmente venía precedido de un delicioso cóctel o una copita de cava. Vida. Creo que eso era la vida.

Sobre todo porque no faltaba nadie en la familia. Y eso ayuda a ver las cosas de otra manera distinta.

Donosti. Una ciudad que nunca me gustó demasiado, pero que me fue ganando poquito a poco y terminé por echarla de menos.

Pero ahora la realidad es que hay que estar en Salamanca y buscar esos mismos momentos de placer en cada rincón de esta ciudad. Lo del cóctel es más complicado, porque hace bastante que no pruebo ni una copa de alcohol.

No te creas que no tengo ganas, pero en casa me apetece menos tomarlas. Son cambios que vienen motivados por el devenir de los acontecimientos.

Costumbres que habrá que retomar poco a poco. Sin prisa pero sin demasiada calma. Que el reloj no para de descontar segundos.

Lo mejor de aquellos años, sin duda, es que el brindis, independientemente del lugar, lo hacíamos juntos los tres.

Pero bueno. Me quedo con esa imagen espectacular de la bahía de la Concha, que me tuvo no sé cuanto tiempo asomada a una ventana para no perder detalle.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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