La dulce Navidad y los días de árbol, villancicos y bailes


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Es víspera del puente de la Constitución. Ese fin de semana que siempre aprovechaba para poner el árbol de Navidad.

Me estoy viendo sacar mis cajas, prepararme unos canapés y empezar a colocar uno a uno los adornos mientras sonaban villancicos y cantaba y bailaba feliz. Como una niña pequeña. Creo que era mi momento favorito del año. No dejaba nada sin detalle. Desde la base hasta la estrella. Todo era una fiesta. Lo último que colocaba eran las luces. Cuando ya estaba terminado, os llamaba a mamá y a ti. Y, lógicamente, me decíais que me había quedado precioso. Todo quedaba bonito en estas fechas porque había ilusión, porque estábamos todos.

Eran días de no parar. De hacer una lista con el menú para esas fechas, de pensar en el detalle que podía hacer sonreír a cada uno.

Anoche estuve leyendo a La Vecina Rubia. Uno de los personajes de las redes sociales que más me gustan. Y que también tiene a su padre en el arco iris de los papás.

Había comprado un árbol gigante. Y lo había decorado en honor a su progenitor. Y, de repente, me entraron ganas de coger todos los bártulos y ponerme a ello.

Todavía no he decidido si lo haré o no. Porque recordando anécdotas ‘graciosas’, se me viene a la cabeza una noche que había nevado (posibilidad que no se descarta para las próximas horas) y tú te levantaste a mirar por la ventana.

Yo dormía plácidamente en mi habitación. Un golpe seco me despertó bruscamente. Y aunque te decía mil veces que no te levantaras por la noche, nunca me hacías caso.

Cuando me levanté sobresaltada de mi cama, te encontré en el suelo. Habías tropezado con el árbol y me lo habías dejado literalmente aplastado.

Evidentemente, el árbol era lo que menos me importaba. Te levanté. Te eché la bronca por haberte levantado a esas horas y me puse a recoger pacientemente cada una de las bolas.

Te acompañé hasta tu cama, te di tu beso de buenas noches y yo me fui a descansar también.

Al día siguiente nos reíamos de esa noche de locura que tuvimos. ¡Qué tiempos tan maravillosos y tan divertidos! ¿Verdad?

Creo que no te gustaba mucho la Navidad, pero como yo era feliz así, tú también. Ya lo he contado mil veces, pero me ganaste el día que cogiste mi disfraz de Santa Claus y te fuiste a comprar el pan y la prensa con él.

Al final, ese punto de locura se quedó en mi. Y hoy me gusta contarlo y recordarlo.

Este año no habrá Papá Noel. Ni Reyes Magos. Las circunstancias invitan a unas fiestas tranquilas y sin demasiados excesos. Y así lo haremos, peque.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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