Los reencuentros con los amigos de siempre y tu sonrisa de felicidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Aprovechando un poco la cama hoy que es sábado, 23 de octubre.

Tengo muchas cosas que contar de lo que pasó hace 11 años. Mamá estaba recién operada de cataratas y yo estuve echándole gotas toda la noche. Me acosté rendida. Entre el viaje, la operación y las curas quedé agotada.

Me iría a la cama pronto, como siempre, Pero a las 9 y poco abrí el ojo. Me acordé de que había motos y puse la tele.

Y pasó una auténtica desgracia. Un terrible accidente en el que perdió la vida mi admirado Marco Simoncelli. Recuerdo que en ese momento ponían en la radio: “Cuando menos piensas sale el sol”. Y en ese momento te aferras a la letra de la música para pensar que igual todo era un mal sueño.

Pero no. La realidad fue otra muy distinta. A la hora o así comunicaron oficialmente que había fallecido.

No hace falta que te cuente mi desolación. La tristeza de ese momento empañó, en cierta manera que un par de días antes te habían concedido un premio muy especial. El de tu amigo Víctor Chamorro.

¡Qué alegría cuando te llamaron por teléfono! Momentos como ése no conocí muchos, por desgracia. Uno en Barco de Ávila y los que me contaste tú, que fueron unos cuantos.

Y me encantaba escucharlo. Qué orgullosa me hacías sentir. Y lo sigo estando. No te creas.

A los cuatro días viajaste hasta el pueblecito cacereño a recoger tu galardón. Yo me quedé en casa viendo el funeral. Un grave error. Tenía que haber ido contigo, pero ahora ya no hay remedio.

Cuando estabas en el hospital, vino a verte. Con su habitual amabilidad. Menuda sorpresa. Te cambió la cara de inmediato. Lo único que te había dado un ataque de tos al correo una galleta y nos diste un buen susto a todos.

En unos días volvías a casa. No podía haber mejor noticia. Qué felicidad saber que en breve estaríamos juntos en un lugar mucho más cómodo, aunque luego nos quedara una recuperación amplia.

Hoy hay motos… Y ya sabes que sigo con mis manías sobre ruedas. Así que espero que no pase nada.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que quiero disfrutar del espectáculo. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los días de fin de año de homenajes y fotos para no olvidar nunca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Preparada para afrontar un nuevo día que promete ser divertido. Ya sé que madrugo mucho, pero así me cunde más la jornada.

Aún no ha amanecido y ya estoy en pie de guerra. Qué tiempos aquellos en los que me quedaba en la cama hasta las 12 de la mañana. Y tú me decías: “Trucha, levanta, que ya están puestas las calles”. Ahora no me hace falta ni despertador. Con cinco horas de sueño tengo bastante, aunque luego, a media tarde, me entre la modorra, como es lógico y normal.

He rescatado una de nuestras fotos bonitas. Un 31 de diciembre, tras el homenaje a don Miguel de Unamuno.

En la Plaza del Corrillo, junto a la estatua de Adares. Qué bonita. Tú con tu capa y yo con mi vestido y mis tacones. Nunca he entendido muy bien por qué me bajé de los zancos, con lo bien que se vivía con ellos.

Hay momentos e imágenes que no se borran en la vida. Y éste es uno de ellos. La verdad. Uno de los muchos que por fortuna pudimos compartir. Ahora hecho de menos tantas cosas, papá.

No te lo puedes ni imaginar. Llevar a mi ‘osito’ agarrado del brazo, era algo que me llenaba de orgullo. Igual que cuando iba con mamá. El tiempo vuela. Y nunca mejor dicho.

Por eso hay que intentar exprimir al máximo las 24 horas del día. Y te aseguro que lo intento. Ahora como anochece tan pronto y amanece tan tarde, la sensación es que todo pasa aún más rápido.

Ayer seguían colocando luces de Navidad. Y me acuerdo venía cantando por la calle: ‘All i want for Christmas is you’. Creo que la misma noche que regresaba para casa del hospital, pensando que ya te daban el alta, miraba hacia el cielo y la tarareaba con alegría. Sin saber que el desenlace tan fatal que me esperaba en unas horas.

Pero bueno. Esas son cosas del pasado, que ya, por desgracia, no tienen remedio.

Hoy es día de motos. De desayuno con churros y de muchas emociones. O al menos eso espero.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero! ❤️

La Navidad empieza a llegar a la ciudad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Recién levantada. Hoy sí que se nota que estamos en invierno. Ha amanecido un día gris y un poco triste, pero no nos podemos quejar.

Desde que empezó el otoño, ha habido sol casi todos los días. Así que ahora desayuno tranquilo y todo listo para pasear.

Aunque no te lo creas, porque es pronto. Ya están puestas en algunas calles las luces de Navidad.

La que era mi época favorita del año hasta que te fuiste. ¿Recuerdas aquellas noches en las que me vestía de Papá Noel y os iba dando uno por uno los regalitos que yo misma colocaba debajo del árbol?

O las deliciosas bandejas de canapés que preparaba para la cena. Era yo quien elegía el menú. Unas veces lo comprábamos y los hacíamos en casa y otras los encargábamos a Páramo.

Menudas colas se montaban allí, pero lo mejor es que cada 24 de diciembre estábamos los seis brindando por la vida.

Como eras un trasto, y aunque con seguridad la haya contado, recuerdo el día que te pusiste mi traje de Santa Claus para bajar a comprar el pan.

La sensación de la calle. No hubo uno que no te mirara. ¡Qué grande! Y apareciste hubo carcajadas por todos los lados.

Sin duda mis fiestas favoritas del año, que preparaba con todo el camino y la ilusión.

Ahora ya nada es igual. Siempre me prometí que las seguiría festejando hasta que faltara uno de los seis. Y se me fueron los dos que más quería en un año.

El destino es así de capullo, pero bueno. No creo que el tiempo lo cure todo. Me atrevería a decir que ni lo sana. Cada día que pasa os echo más de menos y me angustia ver lo rápido que corre el reloj.

Pero esas son mis historias. Que no le importan a nadie salvo a mí. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! 😘

El inigualable espectáculo de la luna llena de los Cazadores


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Contemplando un nuevo amanecer. No creo que haya nada más hermoso y reconfortante. Eso y la luna llena de anoche. ¡Qué maravilla!

La denominaron la del Cazador, porque según he leído, son las horas en que aprovechan para capturar animales.

La caza, tú y yo. Enemigos íntimos. ¿Verdad? Nunca hemos podido ver un bicho muerto. Era toparnos con uno y perder el apetito.

Los Carnero. Típicos y tópicos. Siempre con nuestras rarezas. Mamá era distinta. Comía de todo.

Siempre recuerdo, e igual me repito, que cada vez que había un pollo en casa, teníamos que poner un tablón en mitad de la mesa de casa para que no nos dieran naúseas. Vaya par que nos juntábamos.

Menos mal que aquí nunca más ha vuelto a entrar un pollo en la cocina.

Tu manía por estos bichos venía porque cuando eras un niño. Ni sé la edad que tendrías, la abuela estaba matando uno dentro de vuestra casa. Y te pasó por encima con el cuello cortado. No me extraña que te traumatizara.

Menudas las liabas, pero bueno. Es lo normal cuando uno es pequeño. Supongo que también haría trastadas. Lo único que no recuerdo ninguna. Bueno pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La divertida historia de los guardaespaldas de Woody Allen en Donosti


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ha amanecido un día muy hermoso. Parece que la llegada del invierno nos da una pequeña tregua. Hace una temperatura muy agradable para salir a dar un paseo matinal. Como los que nos dábamos tú y yo.

Qué recorridos nos hacíamos. Llegábamos a casa con un hambre para comer…

Hoy he elegido una foto que está hecha en Asturias, pero la anécdota ocurrió en San Sebastián. Uno de tus lugares favoritos para descansar y saborear los más exquisitos pinchos de la gastronomía española acompañados de un txacoli o una cervecita.

Estabas allí de vacaciones con Marta. Y os acercastéis al Kursaal, por donde desfilaban todas las estrellas de cine que acudían allí a presentar sus películas.

Llegó Woody Allen, que sería la estrella invitada de esa edición. Ese hombre diminuto, que también fue a Salamanca a dar un concierto, iba rodeado de guardaespaldas y de agentes de seguridad.

Muy amablemente, imagino, y tras una larga espera a la puerta del teatro, te ‘invitaron’ a que te retiraras hacia un lado.

Y tú respuesta no pudo ser otra: “Que se retire él”. Cada vez me doy más cuenta que he cogido ese mal carácter que tengo lo fui cogiendo de ti. Pero no me importa. Al contrario.

Hoy he soñado con mamá. Mi princesa. Otra enamorada de Donosti, de su gastronomía y de Mutriku, el pueblo de don José María de Areilza, como ella decía.

Al final esos sueños hacen que me despierte con una sensación extraña, entre miedo e inquietud. Cosas de la edad.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El hombre de la capa charra enamorado de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ha amanecido un día fresquito, pero con un sol. Una foto para guardar en mi álbum de recuerdos.

¿Has visto la foto? No puede ser más bonita. Nuestros 31 de diciembre en el tradicional homenaje a Unamuno. Una cita a la que nunca podíamos faltar. Ya queda menos.

Teniendo en cuenta que hoy es 18 de octubre, en tres meses estaré allí otra vez. Hace un año, por estas fechas, estaba en la playa de Gijón. El mar y yo. Una historia de amor eterno.

Aguantåbamos estoicamente el frío. Tú con tu capa y yo con un abrigo que solía estrenar para la ocasión. Siempre abrazados, siempre sonrientes, siempre felices.

Al terminar el acto, íbamos a recoger el marca páginas conmerativo, que todavía siguen en casa donde tú los dejaste.

Luego. Para empezar la celebración del día, nos íbamos a tomar un aperitivo rico a una cafetería cercana. Antes, foto tradicional delante del monumento y también alguna con Adares, en el corrillo.

Esta imagen la tomé porque me encantó verte saborear así los callos. Siempre me decías: “Vive la vida lo mejor que puedas”. El otro día me dijo una amiga exactamente lo mismo.

En realidad no hacía falta que me lo dijeran. Lo sabía. Y eso intento, aunque no siempre se puede.

Y menos desde que no estáis vosotros. Que todo ha cambiado mucho. Ahora solo falta que vaya hacia mejor.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Mi inolvidable viaje a Australia y el triste retorno a la realidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Esperando que amanezca un nuevo día. Aún es de noche. Y para la próxima semana que cambian la hora anochecerá antes.

Sabes que odio los días cortos. Es 17 de octubre. Hace tres años a estas horas estaría cerrando mi maleta para iniciar la mayor aventura de mi vida. Mi viaje a Australia.

Feliz, pero preocupada, porque tú ya estabas en el hospital. Te puedo asegurar que, a pesar del dolor infinito por no estar a tu lado cogiéndote la mano, me lo pasé como nunca.

Fueron tres semanas inolvidables, en las que hice todo tipo de locuras. Desde acariciar a un canguro a tirarme a bucear en el Océano Pacífico para ver la gran Barrera de Coral.

¡Qué maravilla! Montar en barco, recorrer museos, ir a lugares únicos, como mi amada Ópera de Sidney, comer pizza y tomarme una deliciosa piña colada frente al mar. Los cócteles me encantan desde siempre.

Si la palabra felicidad existe. Esa es su descripción más sencilla. Benditas locuras. Lástima que hasta dentro de un tiempo (desconozco cuánto) no pueda regresar.

Cada noche o cada vez que encontraba un Wifi, te llamaba preguntarte por tu salud y contarte mis hazañas.

Un día, por desgracia, la llamada no se cortó. Y allí, desde Cairns, me enteré de que la situación era más grave aún de lo que me imaginaba.

Pero siguiendo tu ley de vida, y después de una llorera en el hotel, me fui a tomar un White Russian (otro cóctel) a un bar de Cairns.

Cuando hablaba contigo no me cansaba de de decirte que esperaras, que me quedaba poco para volver a tu lado. Y esperaste, sí. O quizás desesperaste. Ni me lo planteo ya.

Prefiero quedarme con todo lo bonito que viví allí y con la esperanza de volver. Otra vez sola. A redescubrir nuevos sitios y a cumplir una promesa que te hice antes de que iniciaras tu viaje definitivo.

El más difícil, el que más dolor deja en el corazón de los que te queríamos, que éramos muchos.

Ahora de momento tengo otras metas que conseguir para volver a cumplir ese sueño. Pero creo que tardarán un poco, salvo que la varita de la fortuna pase por encima de mí hombro.

Bueno, pituco, te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El curioso Premio Planeta con nombre de mujer concedido a tres guionistas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Viendo amanecer un nuevo día. Hoy promete también ser un día caluroso y soleado. Perfecto para dar un buen paseo.

Anoche se falló el premio Planeta, en el que tú estuviste finalista y con los nervios propios de quien está pendiente de la solución del jurado.

Pasó una cosa muy curiosa. El galardón fue concedido a una obra de Carmen Mola. Y no te lo vas a creer. Bajo ese pseudónimo de mujer se ‘escondían’ tres hombres: Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez.

De profesión guionistas. Y ahora a punto de ver como su novela Empieza a aparecer en todos los escaparates de las librerías del país. El sueño de cualquier escritor. Siempre he pensado que te lo deberían haber otorgado. Por tu talento y por tu talante. Pero en muchas ocasiones prima más el interés publicitario que la calidad de las obras.

Volviendo al pasado de nuevo, no sé cuántos años hace que mamá y yo subimos a ‘El Corte Inglés’. Queríamos darte una sorpresa. Y lo conseguimos. Te compramos el nuevo diccionario de la Real Academia de la Lengua. Recién salido del horno. Lo habían puesto a la venta hacía 6 horas y nos costó 100 euros de los de entonces.

Pero hay momentos en la vida que no tienen precio. Llegar a casa y recordar tu cara de felicidad, hizo que mereciera el esfuerzo.

Felicidad. La palabra más hermosa que existe en la vida. La que persigo desde que me levanto hasta que me acuesto, que suele ser tarde. Los días me duran 15 o 17 horas. Cosas de la edad.

Bueno pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Santa Teresa, la patrona de los escritores y de un pueblo con peces y pastas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es día 15, Santa Teresa, patrona de los escritores y día festivo en Alba de Tormes y Ávila.

Santa Teresa, la imagen que compraste a todo capricho, de Lladró. Una imagen única a la que estabas estrechamente vinculado por la admiración que la profesabas.

Solíamos ir allí de vez en cuando. A ver los restos y vosotros a comer los típicos peces. Ya sabes que a mí no me gustaban nada. Ni recuerdo lo que pedía.

Después por las circunstancias, regresamos a algún festival taurino. Aunque no te lo creas quiero volver, pero no pienso que pueda soportar el momento en que matan al toro.

Me he vuelto un poco rarita. Ya son contados los espectáculos a los que asisto.

Cuando era periodista, iba a mediados de agosto a esa fiesta donde los pescadores se lanzaban al río para rescatar la imagen de la Virgen del Carmen. No me agradaba en exceso, pero bueno. Lo hacía, que era mi obligación.

Alba, el lugar en la que tantos momentos buenos vivimos juntos y que, por cosas del destino, fue el lugar de nuestra despedida. Qué curiosa es la vida, peque. ¿Verdad?

De vez en cuando me acerco todavía. Uno de los momentos más bonitos fue cuando me acerque con mamá a poner un marcapáginas en la estatua que se encuentra a la entrada de la villa. Iba con mamá y me emocioné. Historias. No han bonitas como quisiera, pero bueno.

Para colmo, Hoy ha amanecido nublado. Espero que abra.

Bueno, pituco te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Los fines del mundo que siempre terminaban bien


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Preparada para afrontar un nuevo día. Largo e intenso en emociones. Ya es 14 de octubre y me sigue maravillando el clima que hace. Ver amanecer es uno de los mayores. Placeres que te da la vida.

A estas horas me ruge el estómago. Normal. Ha sido una noche larga y aburrida.

Llevo una época pensando en darle una vuelta al blog. Más que nada porque el contenido a veces es un poco reiterativo. Y soy consciente.

Tengo miles de anécdotas para contar. Tantas que ni sé.

Hoy voy a aprovechar para narrar el primer día en el que en el informativo dijeron que se terminaba el mundo. Tendría cinco años. Y me dio muchísimo miedo.

Íbamos al cole. Decían que a las 12 empezaría a derrumbarse todo. Mamá me había dejado a la puerta del colegio. Y yo no paraba de dar vueltas a la cabeza. Desde que entré hasta que llegó la hora del recreo fue tremendo.

A mediodía justo todo el mundo comenzó a refugiarse de las mesas. Y yo allí escondida. No podía imaginarme cómo podía ser aquello.

Al final no pasó nada. Pero cuando llegué a casa dijeron que igual cambiaban la hora. Te abracé. Y tú intentaste consolarme. Me decías que si estaban pintando el salón, era posible todo iba a seguir igual.

A pesar de todo. Y con la incertidumbre de una niña, me acosté con miedo. Al día siguiente salió el sol. Y todo volvió a la normalidad. Qué felicidad.

Solo puede decirte gracias. Por la tranquilidad que me diste en mi vida. Y por todo lo que me enseñaste. Tú y mamá.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️