El maravilloso día en que vio la luz tu marcapáginas de La Campana del Carnaval


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo, que a estas alturas del año no te creas que no es poco.

Hoy he rescatado una foto de justo hace dos años, en la Plaza Mayor. Creo que fue uno de los últimos días que te sentiste orgulloso de mí.

Después de muchos meses de esfuerzo, conseguí sacar adelante un pequeño marcapáginas adelanto de lo que iba a ser el acto más emotivo del año: la presentación de tu libro.

Fue un día muy emocionante para mí. No te lo puedes imaginar. Para la ocasión estrené un vestido en color fucsia. Siempre me gustó ese vestido. Para qué decir lo contrario.

Creo que el color no me favorecía mucho, pero eso era lo menos importante. Lo realmente importante era la causa. Un proyecto que me llevó unos cuantos meses, pero que finalmente vio la luz.

Aún recuerdo cuando Elvira, de Diputación, me dio el taco de marcapáginas. Me emocioné completamente. Las lágrimas brotaron de mis ojos de alegría.

Siempre piensas que al final todo los sueños, si se piensan mucho y se hace un esfuerzo por realizarlos, terminan cumpliéndose. Bueno… Casi todos.

Hubo dos que por más esfuerzo que hice fue imposible que cambiaran. El destino no se puede trastocar de ninguna de las maneras. Es el libro que llevamos escrito desde que nacemos y lo único que hay que hacer es vivir.

A veces no es tan sencillo, peque. Cuesta despertarse cada día y pensar que ya no estáis, aunque sea para darme un buen azote por hacer alguna trastada.

Pero eso ya no puede volver, así que nada. No queda más que esperar y esperar hasta que nos llegue el día de iniciar ese viaje tan largo y complejo.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero!

Los abrazos en la plaza de Alba de Tormes y el todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Y tú? Hoy ha amanecido otro día tristón. Gris, como tus ojos.

Con un halo de tristeza, como los míos, que rezuman nostalgia. Añoranza de todo aquello que hice a vuestro lado y que ahora no puedo hacer.

¿Dónde quedó aquella mujer sonriente y feliz? Yo pienso que se fue aquel maldito 15 de diciembre, cuando tu luz se apagó para siempre.

Y un año después la de mamá. Tengo en mi cuarto puesta una de mis fotos favoritas. La de los dos en Alba de Tormes cogidos por encima del hombro.

Qué imagen tan perfecta. ¿Quién decía esa frase de: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar? Pasar abriendo caminos…

Si no mal me equivoco, fue San Antonio Machado. Y digo san porque era como tú te dirigías a uno de tus grandes admirados.

Y aquí estamos. Viendo pasar la vida. Día tras día. Viendo como el reloj no cesa de descontar segundos.

Es agonizante la situación, pero bueno. No pasa nada. El tiempo, que no para, peque. El ruido del reloj me produce bastante angustia, la verdad. Pero como es imposible, lo mejor es salir a pasear un rato por la calle y disfrutar de la ciudad.

Y a ello voy. Me queda un largo paseo por Salamanca para recorrer sus calles. No sé si encaminaré mis pasos hacia el Huerto de Calisto y Melibea, la Catedral…

Aún quedan unas cuantas horas para el retorno a casa y habrá que aprovecharlas lo mejor posible.

Y brindar, cada día, por seguir vivos, que no es poco. Con una copita de cava o un vermut. O mejor un cóctel. Aunque con este día, lo mejor es pasar es una buena infusión a estas horas de la mañana para relajarse y empezar el día con energía y ganas.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

El fin del estado de alarma, la alegría contenida y el imparable paso del tiempo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Cómo estás tú? ¿Y mamá? Espero que bien los dos.

Anoche se levantó el toque de queda a las 12 en punto de la noche. Después de un año y tres meses, aún con mascarilla puesta, por supuesto, pero con una alegría infinita, la gente se salió a la calle para cantar: ‘Libertad, libertad!

Unos tiraban petardos, otros reían con todas las ganas del mundo en busca de la añorada vida sin ataduras.

Alegría incontenida y muchos gritos por la calle. No exenta de críticas y polémicas por los que piensan que, aunque ya se pueda salir hasta más tarde, hay que seguir guardando la distancia de seguridad y respetar las normas.

Que está muy bien ir abriendo poco a poco las barreras, pero sin sobrepasar los límites establecidos. Una imagen dice más que mil palabras.

Gente amontonada una encima de otra, tomando una copa y festejando la vida. Seguramente que no fue la mejor idea, pero cada uno celebra la vida a su manera.

Está un día tristón, peque. Ha amanecido con lluvia y con el cielo completamente nublado. No creo que tarde mucho en comenzar a llover. Antes que lloviera era una gran noticia. Ahora tampoco me gusta demasiado, pero hay cosas con las que no se pueden luchar. Y esa es una de ellas.

¿Te acuerdas de aquel calendario eterno que te regalé? Nunca lo he pensado, pero igual era ese el motivo por el que te lo regalé. Así no te hacia falta nada más que girar las agujas para un lado.

Ya hace tres años que también se paró. Y así seguirá de momento. No he mirado en qué mes lo paraste. Donde lo dejaras, bien está. Como todo lo que tú hacías.

¡Bueno, pituco! ¡Te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero!, ❤️

Sobre todo contra el paso del tiempo. El ruido del reloj me atormenta, me pone nerviosa…

Las trastadas de tu dulce infancia y las peleas de ‘dreas:


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Muy madrugadora como siempre. Ya sabes que cogí la manía de dormir poco hace ya algún tiempo.

Y bueno. No es que sea lo más recomendable, pero hay manías que no te las quita nadie.

Hoy es el último día de confinamiento. A partir de las 12 se podrá salir a la calle con la nueva normalidad. Es decir, respetando las distancias y las medidas de seguridad.

Ayer, no sé por qué, hablamos de tu amigo Beni. Sí. Ese con el que de pequeño jugabas a las dreas. Para quien no sepa el significado de esa palabra, son peleas de piedras entre niños.

Si no mal recuerdo, en una ocasión te dieron con una en el tobillo y te hicieron una herida, que supongo que te curarían rápido y volverías a correr, como buen trasto que eras.

El ‘Beni’, como le llamabas, era el ‘matón’ del grupo. Y si a alguno os daban un golpe, se lo ibais a contar y os defendía.

Me puedo imaginar la situación, pituco. Sería como para morirte de risa. Decías, también, que algunas noches le daba por trastear (llámalo como quieras) y se iba al cementerio a saltar la valla. Y entonces piensas: ¡qué locura! Pero tú te reías contándolo una y mil veces. La verdad es que os juntabáis una panda divertida de amigos para hacer trastadas.

Lastima no tener esas fotos para ilustrar este post, aunque más o menos, quien lea este texto se dará cuenta de la divertida situación.

¡Bueno, pituco, te dejo por hoy! ¡Os quiero! ❤️

Las tardes de churros, porras, regalos y mucha diversión


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo, por suerte. Ya es 7 de mayo. En un par de días se levanta el toque de queda y ya se podrá llegar un poco más tarde.

Para los que nos gusta trasnochar, perfecto. Hoy también me he despertado con una sensación muy extraña. No sé si es miedo, angustia o qué, pero lo cierto es que se pasa fatal.

Siempre pienso lo mismo, peque. ¿Por qué os fuistéis? Es ley de vida, sí. Te recuerdo siempre feliz, sonriente, dicharachero, bromista… Y yo era igual.

Luego ya me ha ido cambiando el carácter. Creo que ya te he dicho que cada día me parezco más a ti, pero cuando estabas cabreado.

Rebuscando entre mis fotos he encontrado una que me hace rechupetearme los dedos. Una tarde de chocolate y porras con mamá. Y piensas. ¡Qué rico! Y siendo práctica: ¡Qué grasiento!

No creo que haya una mañana en la que no me den ganas de entrar en la churrería, pero luego piensas: ¿Para qué? Si al final me voy a poner como una bolita.

Pero sigo salivando. Después de los churros llegaba la hora de irse de compras o de un relajante spa… Mil cosas divertidas, que ahora no puedo hacer.

¡Ay, papá! Lo que te echo de menos. Cada día que pasa nada más. A ti y a mi princesa. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mamá! ¡Os quiero! ❤️

El adiós a Nick Kamen y las promesas que nunca se cumplieron


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es 6 de mayo ya. Hace un día precioso de sol y luz. Perfecto para dar un paseo por Salamanca.

Bajaré hasta el Huerto de Calisto y Melibea y disfrutaré de las maravillosas vistas que desde allí se pueden apreciar..

Aún recuerdo nuestros paseos matinales. Eran super reconfortantes. Yo siempre con mi macuto y tú con tu sudadera roja. Vaya par de dos. Pero al final siempre piensas que eran lo mejor de cada día.

Ayer por la noche me enteré que se había muerto Nick Kamen. Y ahora me dirás que quién es ese. Pues te cuento.

No sé si te das cuenta de la primera vez que paramos en Tamames a comer a tomar una copa. Veníamos de la Sierra de pasar un ratito muy agradable.

Allí nos recibió mi amigo Manolo, que muy amablemente, como siempre, nos invitó a un cubata y me obsequió con un disco. En él había una canción, de título ‘I promise my self’, traducida al castellano es algo así como: Me prometo a mi mismo.

Y sí, me prometí muchas cosas. Unas se cumplieron y otras no, pero la vida es así. Unos deseos se hacen realidad y otros no.

Solo hace un par de noches, viendo la televisión, volví a oírla y pensé que me seguía gustando tanto como antes. La canturreé con cierta nostalgia por los buenos recuerdos que vinieron a mi cabeza.

Anoche, cuando lo vi, sentí que se iba un trozo importante de mi vida. Tenía 59 años. En realidad, al entrar en las redes sociales, me di cuenta de que se había llevado un pedacito del corazón de cada uno de nosotros.

De nuestros años mozos. Y quizás alguna promesa. No sé. Fue una sensación un poco extraña. Ya sabes que la muerte es siempre algo inesperado, pero en este caso la casualidad quiso que me afectara más de lo normal.

Lógico por otra parte. Menudo rollo te he metido, peque. Ya está. No te cuento más cosas. Porque seguramente que ya las sabes todas. En el fondo pienso que esa cigüeña que pasa cada día sobrevolando por encima de mi cabeza, eres tú, que vigilias si estoy bien o estoy mal.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La sonrisa de la felicidad con el casco de mi admirado Simoncelli


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy es 5 de mayo. Ha amanecido otro día espléndido.

¿Recuerdas esta foto en la que sonreía tanto? Fue una de esas casualidades de la vida. Veníamos mamá, tú y yo del gimnasio y pasamos por la gasolinera de Nuño.

Allí había un chico muy amable, que llevaba un casco de Simoncelli. Como ya sabes que era mi piloto favorito, corrí hacia él y me lo prestó para hacerme una foto. Rápidamente me acerqué hasta el y me lo prestó para hacerme una foto.

Mi cara de felicidad, me delata. Pero era esa época en que veníamos los tres del gimnasio para casa antes de iniciar nuestra rutina diaria.

Que no era otra que divertirnos a tope. Siempre teníamos un plan divertido. Desde ir a tomar unos vinos a ir con mamá a los centros de belleza para hacerme tratamientos. Y era lo más divertido, realmente.

El chico, con toda la paciencia del mundo, me lo dejó. Qué maravilla. Irradiaba felicidad por todas partes y tú, también con mucha calma, me hiciste una foto. Lo único que no soy capaz de hacerme ahora mismo.

Tenía la tez morenita. Y una tímida sonrisa que ahora ya no me sale. Y el pelo recogido con una coleta. De color más oscuro. Llevaba una chaqueta azul y estaba visiblemente más flaca.

Creo que llegué dando saltos a casa. Algo que tú ni entendías, pero te daba lo mismo con tal de verme feliz. Ahora ese tiempo ha cambiado. Todos los sitios por los que voy me recuerdan a algo vuestro. Y bueno. Pues eso. Que es más complicado salir a la calle sin echaros de menos. Hay siempre alguien que te recuerda lo maravillosos que erais los dos.

Pero bueno. Eso ya queda en mi memoria y en mi corazón. Ya no hay remedio para nada más, papá. Por suerte o por desgracia ya no.

Esa sonrisa volverá si algún día puedo volver a tener entre mis manos una maravilla como esta, pero vamos, que tampoco lo veo posible.

Así que dejemos de soñar y ya. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La serena belleza de Audrey Hepburn y la luna despertando este martes


¡Hola, papá! ¿Como estás? Yo bien. En casa. Hoy es 4 de mayo ya. ¿Sabes quién hubiera cumplido años hoy? Audrey Hepburn. Murió en 1993.

Mujer hermosa como pocas. Siempre tan delicada, delgadisima y elegante como pocas.

Siempre me cautivó su mirada. Esos ojos negros con esa tez tan pálida. Su serenidad, su belleza…

Increíble. Tú la llevabas siempre en tu paraguas. Junto con Marilyn Monroe. Bien orgulloso que ibas con él. Daba gusto verte pasear tan tranquilo por las calles de Salamanca.

Mira qué foto te he hecho hoy. La luna escondiéndose tras la torre del antiguo edificio de la Unión y el Fenix.

Una imagen hermosa y única. Un momento que nunca se volverá a repetir. Por eso, aunque la mayoría de la gente no lo aprecia, yo sí quise hacerlo e inmortalizarlo para ponerlo en este blog.

No puede haber un amanecer más hermoso. Los pajaritos cantando, el sol luciendo desde primera hora de la mañana… Estoy seguro de que tú lo ves desde un lugar más privilegiado. Con esos ojazos grises.

Ahora toca ir a dar unos cuantos puñetazos a boxeo. Así que a ello voy, peque. Es la única manera de liberar adrenalina a lo largo del día. No te creas que no me viene bien.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Bueno

Los deliciosos despertares bajo la sombra de la Plaza Mayor


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Sin novedades. Ha amanecido un estupendo día casi de verano. Hoy es la Cruz de Mayo.

Si mi memoria no me falla, hace unos cuantos años que falleció Juan Antonio. Es ese momento en que piensas que la familia es indivisible, pero no. Ahí comenzó el principio del fin.

O la cruda realidad, que es ir viendo como se desmorona tu mundo poco a poco y cada vez te faltan más personas a las que quieres.

Es una sensación un poco extraña. No sé cómo explicarte, aunque tampoco creo que te haga falta. Sabes de sobra lo que te digo.

No veas como brilla el sol. Amaneció como para llover, pero ahora se ha puesto una mañana casi estival. Da gusto salir a la calle y oír a los pajaritos cantar y a las cigüeñas sobrevolar el cielo.

Ya sabes que pienso que eres tú mirándome desde arriba, que me observas si voy bien o si me he despertado un poco triste.

Pues también hasta eso lo voy rotando. Lógicamente, unas veces vas más animada y otras menos, pero bueno. No pasa nada. Vendrán tiempos mejores. Seguro, peque.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo sesión de boxeo y hay que descargar adrenalina. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La mamá más bonita y cariñosa del mundo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. ‘¿Está por ahí mamá? Supongo que sí. Que al final os habréis vuelto a juntar en el arco iris de los padres.

Hoy hubiera cumplido 76 años. Y como yo no puedo, te pido por favor que le des un tirón de orejas y un beso enorme.

Empecé el día bastante tranquila, pero ahora que pasan las horas y te paras un momento a pensar, piensas en lo que lo hubiéramos celebrado si no se hubiera marchado de esa manera tan repentina.

Hoy también se agolpan los recuerdos en mi cabeza. Lo feliz que era con un simple pastel o una pequeña flor, que nunca faltaba en un día como este.

Siempre con sus caramelos, su sonrisa, su pelo recogido con una horquilla y su sonrisa tímida.

Cantando con su radio. Plácidamente sentada en su sillón. Dormida. Tan tranquila. Me acuerdo de una de las últimas veces que estuvo en el hospital. Como era de esa manera, me pidió que le comprara medio kilo de pastas. Y yo pensando… Que es diabética. Al final le compré un pastel sin azúcar. Y, lógicamente, no le gustó.

Le encantaba que le atusara el pelo. Le relajaba tanto. Y que le hiciera trenzitas. Cosas tan simples…

Pero bueno. Me conformo con que le des el beso y le compres un pastel. No os olvidéis de brindar con una copa de cava.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️